miércoles, 19 de julio de 2017

POSTMANIA

De vez en cuando suelo releer mis post en un ejercicio de autoflagelación al más puro estilo de monje de clausura en su celda. A veces me dan ganas de salir corriendo, metafóricamente hablando porque la realidad esclerótica es la que hay, sobre todo por los enormes fallos de estilo y mi siniestra distribución de las comas. Tengo por costumbre laminar mis textos con un autocorrector de esos tan majos y tan imprecisos, el de blogspot es una enorme mierda y el del writer de Open Office exige encarcelamiento incondicional para sus diseñadores. Pero eso son minucias ya que últimamente tiendo un poco a repetirme, abordo temas distintos pero utilizo los mismos argumentos para presentarlos lo cual empieza a ser un poco pesado. Cierto que atravieso una tortuosa situación gracias a un entorno totalmente inflamado pero tampoco es preciso dar el coñazo con los mismos rollos todo el día.

La lista de las intenciones de este blog no es muy larga, la cosa va de como mi enfermedad me estruja la vida y de como las cosas de casa me la alteran haciéndola más complicada. Es también un medio de desahogo personal y pretende hacerme pasar un buen rato escribiendo, actividad que había relegado desde hacía muchos años. Siempre he sido un ávido lector aunque en mi vida ha habido grandes períodos sin coger un libro que solían coincidir con las épocas que pasaba en Mordor. Cuando era un adolescente y se casó mi hermana le mangué su máquina de escribir y comencé a redactar pequeñas historias en plan humorístico. Eran auténticos truños pero tuvieron cierto eco entre mis colegas y eso que la mayoría no cogían un libro ni hartos de vino. Años más tarde los textos tuvieron un carácter privado y más serio pero a medida que adquiría responsabilidades mi costumbre escritora desapareció. Lo más terrible llegó en una de mis habituales reformas de vida donde todo mi material escrito, y dibujado porque también le daba a los monigotes, acabó en el contenedor azul del papel, menudo desastre. Es muy habitual en mi destruir trabajos personales que han durado años y años, otras aficiones que tuve también encontraron pisito de protección oficial en el vertedero.

Puede parecer un tanto trágico pero no penséis que estoy arrepentido. Cumplieron su función y es muy posible que su presencia en la actualidad pudiese afectarme de mala manera. La vida se compone de capítulos que muchas veces es necesario cerrar y no siempre es bueno incorporarlos al archivo personal porque al desmpolvarlos pueden abrir en canal viejas heridas. Este blog no es más que un peñasco descomunal que hago tragar junto a un segundo espanto dedicado al cine: "Mi peli del día" más ligero y menos comprometido.

Se que muchos blogueros de esta cuerda recogen información sobre adelantos médicos y la progresión de investigaciones sobre la esclerosis múltiple y otras malditas dolencias. Dedico tiempo a leer ese tipo de blogs con atención pero lo mío no va por ahí porque transformaría mi trabajo en una espantosa pesadilla, me conozco y estaría todo el tiempo dale que te pego en la red con necesidad de días de treinta horas. Prefiero la vivencia personal porque compartir el como me siento me permite desahogarme y a la vez me sirve para fijar posiciones que circulan descarriadas por mi cabeza. Soy bastante despistado y olvido fácilmente las puñaladas que me meten y también las cosas que más me convienen. Afortunadamente tengo a mi mujer bastante atenta ya que ella no ha olvidado ni las conversaciones del paritorio del día que nació. Esa memoria prodigiosa le permite ponerme las pilas cuando me salgo por la tangente, igualita igualita que su madre que con sus noventa años es una enciclopedia ambulante.

Cuando llegó el diagnóstico no me dio ningún yuyu ni una diarrea, estaba cantado y ya había pasado el puñetero proceso de duelo, vamos que ya me lo había comido con patatas. Entre eso y la extirpación de mi benigno hemangioma craneal parece ser que mis neuronas se agitaron en un descomunal movimiento sísmico provocándome una apertura personal y favoreciendo mis relaciones. Cierto que la edad ya me daba como para tildar de gilipollas a ciertos tipos sin que me invadieran la timidez ni la vergüenza, ya iba siendo hora. No es que me haya vuelto un descarado, todavía acostumbro a guardar las formas pero a veces me he quedado anonadado cuando le he soltado zascas a cierta gente. Parece ser que mi costumbre de guardarme todo para adentro ha pasado a mejor vida y ya no estoy por aguantar a imbéciles sin clavarles merecidas puyas tal y como hacen ellos conmigo. Yo solía ser bastante calladito, ahora no hay manera de cerrarme la boca y la rubia no deja de darme patadas por debajo de la mesa cuando se me suelta la lengua en las tertulias. Poco a poco he ido desterrando a la enfermedad de mis conversaciones, tras el diagnóstico cometí el error de contárselo hasta a la perrita de mi tía y está bien contarlo en clima de confianza pero emitirlo en el telediario no favorece nada de nada.

Asistido por la tecnología no puedo evitar recordar mi aversión a las redes que tenía hace años. Cuando internet entró en mi vida tan solo recurrí a un blog, uno de cine cuyos post me daban un trabajo de cojones y no lo leía ni Cristo, hoy en día lo he reelaborado y le he dado una forma infinitamente más ligera. En la actualidad aquí ando perdido con el whatsapp, twitter, facebook, instagram y los dos blogs. Consumo también mucho youtube aunque, afortunadamente, no subo vídeos y no he perdido mis manías de navegación ya que mi lector de feeds me pone al día de todas mis neuras en la red. Vomita tanto contenido que me resulta imposible leerlo todo, intento poner cierto orden porque poco a poco se está convirtiendo en una pesadilla, elaboro una estrategia y unas normas de uso para no volverme loco yo ni transformar en lanzadora de plancha a mi mujer.

La red engancha, sobre todo cuando eres un mueble todo el día tirado en casa. No hay manera, no dejo de pensar en lo que haría mi padre hoy en día si viviese porque el estaba enganchado a todas las apps de su época donde había que ir al ayuntamiento para poner una conferencia con Burgos. Ni siquiera conoció el teléfono en casa porque cuando se instaló ya no se enteraba de nada gracias a su tumor cerebral. Hoy en día soy un privilegiado de la comunicación, hace cuarenta años era inimaginable una conversación telefónica desde el coche...un momento: inimaginable era tener coche y no digamos un móvil. En aquellos días me imagino que ser un enfermo crónico y discapacitado equivalía a una cadena perpetua en la Guayana Francesa, como Papillón. Los tiempos cambian y el pasado se quedó atrás con sus limitaciones aunque me da pánico pensar en lo que nos espera gracias a esta pandilla de políticos inútiles de todos los colores que nos arrastra directos al precipicio.

Pues voy a ir cortando, ya he dicho que tiendo a enrollarme como las persianas y he de tener en cuenta que no todo el mundo dispone de tiempo para aguantar este tipo de chapas si tienen dimensiones kilométricas. Intentaré plasmar temas más amenos sin dar tanto la lata con mi terrible entorno y dejando la esclerosis en una posición más discreta, la cabrona se lo merece.



Escribir es una actividad que hoy en día está
de capa caída. Abundan los tweets y los
whatsapps en los que la ortografía es un
artículo de lujo y ya no digamos encontrar
una frase con un sentido decente. Tal
vez nos quieren así, paletos de película
como Paco Martínez Soria. Lo triste es
comprobar que la gente lo acepta sin más
pero lo más terrible es comprobar como
intentando hacerlo correctamente las meteduras
de pata sobrepasan el borde del sistema solar.
Redactar es complicado pero como vemos
aquí resulta enormemente satisfactorio.



miércoles, 12 de julio de 2017

ALGO QUE CONTAR

Sentado aquí al teclado me estaba preguntando que podía contar ahora. No me apetece demasiado escribir cosas de la esclerosis pero tampoco pretendo hacer de este blog una especie de memoria de mi vida. Suelo contar a veces pasajes que me han ocurrido pero por supuesto no estoy dispuesto a relatar algunos asuntos muy poco lustrosos que me ha tocado vivir. Seguro que vosotros tenéis cosillas que no os interesa ni por el forro que lleguen a oídos de nadie pero así es la vida, lo bueno, lo malo y lo peor. Resumir la biografía no es un ejercicio demasiado sano, yo recuerdo haberlo hecho varias veces y siempre he salido con ganas de volar todo por los aires. Lo vivido, vivido está, ya ha pasado sea un ponzoñoso despido laboral o una noche de loca pasión en el dormitorio. Si ya he extraído la enseñanza no me hace falta revivirlo. Por otra parte al contar las cosas se acostumbra a dar un revestimiento peliculero por lo que hay que recordar a Burt Simpson cuando dice aquello de “multiplícate por cero”.

Las vueltas que da la vida tienen la capacidad de hacer cambiar de actitud. Tengo perfectamente presentes todas las cosas que me he tenido que tragar con patatas a medida que los acontecimientos iban ocurriendo. Las grandes afirmaciones se quedan en nada cuando de repente me doy cuenta de que he metido la pata y tengo que cerrar esta boquita de piñón y mandar a tomar por saco todas las inversiones personales que había hecho. Cuando llegan las grandes tragedias la fortaleza y el orgullo terminan en una esquina llorando a moco tendido, arruinar pañuelos es algo muy habitual. Hay que levantarse todos los días y coger la mochila al hombro, aunque esté llena hasta el moño de desgracias tengo que pasar la jornada, vestirme, comer, alternar....todas esas cosas normales que se hacen. Cualquiera no vale para afrontar las cosas con humor, actualmente no lo llevo mal pero malditos los años completos que me ha tocado estar arrastrado por el barro sin ver una salida, y malditos también aquellos que estuvieron atiborrados de buen rollo y no supe aprovechar.

La aparición de una enfermedad desastrosa es un momento amargo que no todo el mundo se toma igual. Por desgracia me está tocando ver muchos casos, solo tengo que mirarme la barriga, y veo como las personas cambian de actitud. Es curioso ver gente que conocías con un carácter siempre depresivo renacer de sus cenizas y otros que parecían firmes rocas se vienen abajo de manera brutal. No hay ninguna regla que gestione estas cosas, se lo fácil que es perder el norte y más estando rodeado de gente poco adecuada para aconsejarme. Normalmente los sentimientos no me dejan ver la realidad de las personas a las que quiero y me pongo farruco cuando alguien de fuera, que ve las cosas claras como el agua, me advierte sobre la intención real de mis compañías.

El entorno es crucial, la gente que me rodea transforma mi vida. Estando sano podía alternar con todos pero la enfermedad barrió mis amistades como una ráfaga de viento, no era entonces una persona de gran riqueza social, me ceñía más bien a mi lugar de trabajo y este simplemente se esfumó. En una sociedad tan arrolladora como esta se engordan muchísimo los deseos, la gente normalmente se abastece de lo que otros pueden darle y cuando yo dejé de dar algo se acabó. Los que realmente me aprecian sufren a mi lado e intentan que mi vida vaya a mejor. Una ametralladora potente es sanísima para aplicar a esas cuñadas perversas que circulan por ahí y ese divertido tópico es aplicable a todos aquellos parientes y amigos que desean aprovecharse de la situación. Da igual a quien mire y la posición que ocupa en mi vida, puede estar manipulando la magnitud de mi desgracia.

En mi caso, dado mi buen estado, toca mirarlo todo desde un lado positivo, pero no os fiéis. Cuando me da algún yuyu me pongo insoportable y si no lo entendéis le consultáis a la rubia que sabe de mí un rato. No lo niego, la edad influye un montón, si esto me llega a tocar a los veinticinco años apaga y vámonos, lo digo más que nada por las veces que he tenido que cambiar el chip antes de darme de bruces con este diagnóstico. Si que es verdad que cuanto más viejo me he hago menos me van sorprendiendo las cosas y si por casualidad me quedo embarazado...que le voy a hacer. Las bromas suelen dar bastante ánimo aunque a veces me paso tres pueblos, la vida se merece un respeto y ya la machaco con otro tipo de cosas. El humor no me ha funcionado nunca, estoy convencido de que nadie me ha escuchado jamás y de que soy experto en utilizarlo cuando menos conviene.

En estos casos donde la vida da una brutal vuelta de tuerca sin remedio hay que hacer inventario de las personas de alrededor. Colocar a la gente en el sitio que corresponde puede resultar muy incómodo pero tampoco necesito repartir patadas a mansalva. Basta con distribuir la confianza que ofrezco a cada uno en su justa medida y limitar las conversaciones para que no me lleven a su huerto. Naturalmente cuando dejo de seguirles el juego muchos se dan de baja en mi grupo personal pero también he incorporado a gente más interesante, un proceso laborioso que me exige quitarme de encima la timidez. La propia enfermedad me ayuda a poner muchos puntos encima de la ies, no solo se dedica a hacerme la puñeta.

El destino que me tenga preparado la esclerosis es una incógnita. Veo los problemas de otros enfermos y no dejo de pensar en que también me pueden tocar a mi, claro que ellos se pueden encontrar también con los míos y seguro que no les va a hacer ninguna gracia. Mi mujer se enfadará cuando lea esto y supongo que torcerá el morro, no quiere oír ni leer ninguna frase que contenga desánimo con todo lo que le está tocando pasar porque no soy el único paquete que tiene que cuidar. La paciencia afortunadamente me acompaña, ya dejé la manía de las soluciones inmediatas y he aprendido a esperar los acontecimientos. Siempre he tenido la sensación de que lo peor que me podía pasar me iba a ocurrir a la voz de ya y luego no ocurría nada o los procesos se alargaban como los chicles en el tiempo aunque muchas veces se confirmaba la catástrofe, eso es lo que hizo mi diagnóstico que prácticamente estaba cantado hacía mucho tiempo pero se hizo esperar. No me lo tomé por la tremenda porque no fue ninguna sorpresa, por otra parte mi estado era bueno, la enfermedad solo era visible en la resonancia y me había acostumbrado a los efectos de las neuritis ópticas aunque me tenían frito.

La actitud de vida es todo un misterio, estuve infinidad de años sin saber por donde tirar lo que impedía que me arriesgase tomando decisiones y perdí por ello importantes oportunidades. Cuando por fin asenté el culo me tocó asumir algunos errores anteriores y una vez liquidados por fin llegó la paz. Unos años tranquilo y luego me ha tocado esta mosca cojonera desmielinizante en el sorteo del destino. Ya presenté mi queja en ventanilla pero a estas alturas sigo en silencio administrativo, al parecer Dios bajó hace tiempo a desayunar a la cafetería y sigue sin subir. Eso no es ninguna sorpresa para mi ya que jamás me ha contestado las solicitudes, sin embargo si me ha permitido llegar a una aceptable situación a pesar de ponerme un pedrusco muy gordo en el camino. La existencia no se acaba por un molesto diagnóstico y hay que seguir cumpliendo obligaciones. A pesar de esta condena no estoy dispuesto a tirar la toalla.


La vida se toma su tiempo y
va pasando cambiando mi
aspecto. Lo que no puede
cambiar es que siempre estoy
ahí, no hay ningún sustituto a
la hora de recibir las hostias.
Me encanta este vídeo, no solo
porque su protagonista es una
monada sino por la paciencia de
su padre al realizarlo.




jueves, 6 de julio de 2017

APUNTES DE CALENDARIO

Cogido por sorpresa por este incómodo diagnóstico he tenido que cambiar mi vida de cabo a rabo. La esclerosis suele manifestarse normalmente mucho antes, en el momento de arranque de la vida adulta pero no por eso se corta y a veces pilla en plena faena con un carnet de identidad abultado. Preguntar a los colegas jóvenes como les ha sentado el tema es absurdo, se lo han comido igual que yo con patatas y pimientos de guarnición obligados a afrontar esta putada con una esperanza de vida mucho más larga que la mía. La estadística indica que cuando yo me de de baja en este mundo la mayoría estarán por los alrededores de mi edad actual habiéndose tragado un cuarto de siglo de enfermedad y al menos con otro cuarto de siglo por delante.

Quizás haya resultado una ventaja que me haya cogido en esta época después de haberme tragado infinidad de sapos. Llega tras haberme despellejado con lances de vida de todo tipo de las que he logrado salir con desigual suerte y ya tengo un desgaste acumulado bastante fuerte. El caso es que el proceso se ha producido en un momento donde las cosas eran muy estables y tranquilas, no quiero ni pensar lo que hubiese pasado en otros tiempos donde Darth Vader era el más bondadoso de mis asesores. Desde que el último brote me dejó fuera de servicio he venido reflexionando mucho y no he tenido más remedio que cambiar de actitud en muchas cosas.

Todo quisqui lleva una vida interior secreta que yo no tengo intención de revelar aunque siempre me ha hecho tomar una posición defensiva. El ego ha tratado siempre de alterar el asunto con sus pijadas habituales pero he mantenido mi existencia con bastante prudencia. Se perfectamente que a los enfermos más jóvenes, a pesar de la brevedad de la vida, también las ha tocado sufrir ciclones y tormentas devastadoras, bien jovencito empecé yo a recibir hostias. Tengo la suerte de afrontar las cosas con bastante calma aunque por dentro hierva la lava y las haya pasado putas en varias épocas pasadas. Los problemas llegan y se asumen o se van, esto último es bastante mejor. Una de mis mejores decisiones fue no seguir ninguno de los caminos que fueron tomando mis amigos, muchos nada positivos, y todo se fue a la mierda quedándome más solo que la una. Hace poco estuve conversando con uno de ellos, recién divorciado, que me puso al día de por donde andaban los tiros, salí con los pelos de punta. Andamos todos en la cincuentena, no alternamos hace años y aunque ya conocía algún que otro desastre no tenía ni idea del sombrío paquete completo. La conversación me dejó bastante planchado porque los sigo queriendo y me jode que les vaya mal.

Lo peorcito de la vida es ponerla en un plato de la balanza y la de los demás en otro. Estar comparándome a todas horas con la gente de mi entorno en lo bueno y en lo malo solo trae desgracia. Hay que tener en cuenta que no puedo abordar todo y hay cosas que la gente no muestra nunca. Se me ocurre el asunto gracioso de los nenes de mis sobrinas, un encanto de críos por los que se me cae la baba, los estrujo y envidio, pero al final del día se van a dormir a su casa, el stress se queda para sus papis y yo me voy tan feliz. Eso es la vida de los demás, lo que veo y lo que no, así que no vale la pena compararme. Mi vida también es así, la gente me ve en la calle todo bien puestito y afeitado, pero no ve cuando mi mujer me ayuda a vestirme y a ducharme ni oyen mis juramentos en el baño cuando no sale el pis. Intuyen que algo me pasa cuando me ven andar pero se callan y no preguntan, igual que yo cuando no les pido información de como cojones se han comprado ese coche estupendo estando en el paro.

No voy a compararme tampoco con otros enfermos, todos lo llevamos de cráneo y lo que hay es lo que toca. Podría a lo mejor imitar tratamiento buscando mejoras pero ahí está el mío que mucha gente no tolera, a mi no me va mal pero a otros los destroza y no me extrañaría que los que tienen ellos me sentasen a mi como un tiro. Compartir la experiencia me ayuda sobre todo a no sentirme solo, ya he tenido ocasión hace años de frecuentar grupos de ayuda por otros asuntos y la verdad es que funcionan porque dejé de sentirme un bicho raro al conversar con gente con la misma suerte. No solucioné los problemas pero adquirí tranquilidad y sosiego lo que me dio fuerzas para seguir adelante. Tuve que andar con ojo con esos asuntos porque también me podría haber perdido en confianzas absurdas y meter la pata hasta el fondo. Nunca hay que poner la vida en manos de otros, tenía que seguir mi propio camino aunque no pudiese quitar las piedras de en medio y dándome hostias por un tubo. Escuchar y compartir es muy bueno pero la solución la tenía que encontrar yo solito, la de los demás no servía para mi caso pero me daba pistas.

Menudas consignas, todo suena muy bien pero no hay soluciones para nada. La conversación y la escucha siempre dan buen resultado sobre todo cuando se producen de manera tranquila y sosegada. Entregarme a la lectura y la reflexión fueron dos buenas prácticas que me ayudaron a posar y relajar la mente consiguiendo un estado adecuado para afrontar los problemas de la vida. Hay que huir de los gurús y predicadores como de la peste, la esperanza debe nacer del propio interior y no se puede colocar como un piercing. A veces es necesario pedir consejo para saber que es lo que hay que buscar pero luego hay que elaborar la propia trama a seguir. Las cosas tienen que salir de uno mismo y hay que afrontarlas a riesgo de meter la pata y con una pauta correcta de respeto a los demás. No me educaron siguiendo reglas de estilo tradicional ni religioso pero recibía potentes zapatillazos cuando metía la pata así que mi normativa tenía que gestarla en mi coco marcándome bien los pasos correctos. Curiosamente ejercí de monaguillo junto a mis colegas pero la prédica de los curas me la traía floja y me dedicaba simplemente a ejecutar bien mi trabajo. Así fueron mis primeras batallas en la vida que consistían sobre todo en tragarme todo a solas.

Hoy me he puesto un poco pesado en plan filosófico, ya veremos en que acaba todo cuando la esclerosis se empeñe en hacérmelas pasar putas. El momento es lo importante y hay que disfrutarlo, no adelantarme al tiempo que induce al miedo ni recordar tragedias pasadas reviviendo horribles sentimientos. Como todo el mundo tengo mi biografía marcada con un montón de equis en la línea que sigue, las tengo muy en cuenta porque hay mucho aprendizaje pero no me puedo quedar clavado fijamente a una y menos a la que corresponde a mi diagnóstico.

A veces hasta yo mismo me sorprendo diciendo algunas cosas, solo quería reflejar el problema que supone aceptar males que no tienen remedio. Reclamar la independencia personal es vital para afrontar situaciones de necesidad. Habrá cosas materiales que resulten imposibles de conseguir pero el coco yo no se lo entrego a nadie como pago. Esta sociedad es muy egoísta y reclama todo sin dar nada a cambio, no voy a entregar mi filosofía de vida, podrá ser acertada o estúpida pero es la mía. Toda mi vida es un batiburrillo de sucesos, casualidades, errores y aciertos que me pasan a mi y solo a mi.

Cuando la enfermedad se transformó en mi día a día la experiencia de todo lo que había vivido anteriormente se diluyó en una espesa niebla. Todas las vivencias pasaron a un segundo plano y ya no les di la importancia que un día tuvieron. Ahora tengo una meta, aprender a vivir con esta carga para que la vida tenga sentido. Todo cambia: el trabajo, las amistades, la familia....todo se transforma y estoy obligado a aplicar altas y bajas en todos los aspectos. Es descorazonador que parte del entorno se haya revelado como falso y ahora les importa un pijo mi suerte. Buscaré nueva gente o replantearé mis amistades teniendo cuidado de que no me aparezca algún vivo para comerme el tarro, ahí tengo que apretarme las tuercas e intentar incrementar mi inteligencia para evitar ese tipo de chorradas. Vivir feliz es mi meta así que me ajustaré las cinchas de la ametralladora y le plantaré cara a esta maldita esclerosis múltiple.


Todas las vueltas que da la vida,
incontables los líos en los que
te metes muchas veces de manera
irresponsable. Hay momentos en
los que parece que todo está perdido
y de repente la suerte te echa un cable
y te permite ir a echar una cañita. Eso
le pasa a este marinero cuando recibe
la visita de una amiga muy incómoda.



miércoles, 28 de junio de 2017

QUEJAS

Ando en estos últimos tiempos un poco de bajón, con la cabeza agachada esquivando los avatares de la vida. Vivo momentos confusos donde todo a mi alrededor solo es caos y lío padre, según parece toca. Personalmente no me quejo, disfruto de un buen estado en la esclerosis, siempre jodido con sus síntomas pero me deja vivir tranquilo centrándome en mis cosas y manías de siempre. Sin embargo no me siento con muchas ganas de aventurarme en novedades, cada vez que intento una actividad enseguida se dispara la parafernalia desmielinizante lo que me desanima mucho. A pesar de haber mejorado mis andares la fampyra me ha decepcionado un poco, pensaba que iba a ser más eficiente pero andar de la manera que ando es muy frustrante ya que la fatiga aparece muy pronto. No llego a caerme pero tengo que estar siempre pendiente del equilibrio algo que se dispara en las escaleras.

Quejarse es una actitud muy extendida en estos días confusos donde todo vive una extrema provisionalidad. Seré realista, no lleva a ninguna parte porque estar siempre con la letanía de la protesta solo provoca que el entorno huya de mi, me convierto en una relación tóxica. La gente que me quiere bien se harta y con el tiempo me monta un pollo regañándome, la rubia es una experta. Soy consciente que además mantenerme positivo ayuda mucho al bienestar, lo jodido es que como crónico tengo que poner el doble de ganas porque hay que superar obstáculos que la gente normal no tiene que afrontar. Es muy fácil planteármelo desde un período de estabilidad porque me conozco bien y sé que soy un enfermo insufrible en los malos momentos.

Con el paso de los años me he ido dando cuenta de que la gente de alrededor tiene mejor opinión de mí de la que yo tengo. Eso me viene de lejos porque en gran parte de mi vida las circunstancias me han hecho sentirme solo, tenía todos los números para perderme en mundos revueltos de drogas y vida desordenada. Prácticamente todos mis amigos se perdieron en el camino siguiendo opciones nada positivas y no les acompañé, así que mi soledad subió como la espuma, pero bueno, a pesar de que mi casa no era ningún paraíso tropical me defendí. Recordando rollos patateros de juventud, todavía estoy alucinado de haber superado esa época sin haberme perdido en ningún infierno. Afortunadamente siempre estuve seguro de que había puertas que no debía cruzar y me resulta muy gratificante observar que todavía lo sigo teniendo muy claro. A pesar de las nefastas circunstancias sigo sin perderme que yo sepa.

Estar siempre mareando la perdiz de que la existencia es insoportable y siempre está llena de problemas lo único que trae consigo es que eso ocurra. Hay que tener en cuenta de que nos la están dando con queso en todos los lados por lo que es muy difícil mantener la serenidad con ese clima social. Metido de lleno en este colectivo de crónicos, que para la sociedad es un incordio, es duro sentirme invisible por muy atendido que me tengan. No se lo curran los dirigentes y líderes políticos a los que se la trae floja el tema, son la administración y los funcionarios, obligados por su trabajo, los que tienen que poner la cara. Por muy jodido que esté hay que abordar el día a día, nadie me va a sustituir en ello así que mejor hacerlo con una sonrisa en la boca.

Me reconcome esa la mala fama que cae sobre los crónicos, vaya panda de pedigüeños, pero lo que esconde esa mala visión es un codicioso “que me den a mi y los demás os jodéis”. No tengo que engañarme, mucha palabrería y ayudita de salón pero todo son boquitas falsas, cuando llega el momento dejan a la gente más tirada que un cleenex lleno de mocos. Solo tengo que ver las caras que me pone la gente cuando les cuento que soy pensionista por invalidez, resulta sorprendente ver esas miradas inyectadas en la envidia por ese sueldo que tengo sin moverme de casa, resulta que lo he generado con mi trabajo y no me lo regalan, la cantidad además no es ninguna bicoca. Yo personalmente lo cedo si se quedan también con la mierda múltiple de los cojones. Una sociedad mezquina llena de individuos insaciables que no están dispuestos a compartir nada, pero no todo es así, hay un montón de corazones bondadosos que palpitan como locos deseando echar una mano. Aceptar su ayuda no es tan sencillo como parece, antes tengo que reconocer que la necesito.

Pensando un poco llego a la conclusión de que estar continuamente protestando solo me lleva a envenenar poco a poco mi vida, así que no queda otra que poner buena cara para que la felicidad no pase de largo y se quede un rato por aquí. Si tengo mi casa llena de trolls el buen rollo se dará la vuelta cuando mire por la entrepuerta. Vivir la vida con alegría es la mejor terapia que existe, si el resto quiere tirarse del puente con un pedrusco atado al cuello pues que lo haga pero yo a pesar de la adversidad siempre con la cabeza alta y enseñando los piños con una enorme sonrisa, aunque tenga caries.

Vendrán los malos tiempos, lo se, es de cajón con esta enfermedad encima. Quizás entonces me invada la desesperanza y me pase al lado de los pesimistas agravado por ese punto “destroyer” que tengo. A pesar de los contratiempos siempre he salido airoso de mis lances a veces con la lección aprendida y otras, las más, con cara de gilipollas, casi nunca me entero de nada y siempre presto más atención a la chorrada más gorda. El optimismo nunca ha sido lo mío, más bien la cosa ha ido siempre de resignación y conformismo. Cuando solucionaba problemas en mi vida resulta que se planteaban otros más gordos, la noria nunca dejaba de dar vueltas y me las hacía pasar canutas, eso sigue vigente.

Ahora ya no se que esperar, todo está en el aire con esta maldita enfermedad imprevisible. Si analizo mi vida desde un punto de vista lo más objetivo posible resulta que a fin de cuentas no me ha ido mal y soy un tipo afortunado. Cincuenta y dos años pasándolas putas y aquí he llegado, con el cuerpo jodido pero libre de culpas. En mi casa con quien yo quiero y manejando la vida con soltura mientras los brotes me dejen. No pido otra cosa que tranquilidad, se acabaron ya los deseos de aventuras y meterme en más líos.


A pesar de las dificultades mi última
reflexión es para agradecer los esfuerzos
de toda esa gente que está ahí para
facilitarme la existencia. Ellos tienen
que aguantar mis malos rollos y asegurarse
de que sus decisiones son acertadas.
Evitarme el desánimo es su primer
pensamiento diario y lo hacen silenciosamente
no como los cazurros que solo se
miran el ombligo. Tener esta abuela sería
toda una delicia.



miércoles, 21 de junio de 2017

MIEDO

El tiempo sigue su recorrido imparable, ya se han cumplido dos años del último y arrasador brote que primero me tuvo en vilo un año de baja laboral y culminó en una incapacidad total. Dos años completos en manos del tecfidera que ha demostrado mayor efectividad que el copaxone que fracasó tras un año y medio de tratamiento.

Hoy en día no me puedo quejar de mi estado, a pesar de caminar siempre como un pelele y tener que estar permanentemente atento a mi equilibrio puedo moverme por mi mismo y no utilizo bastón ni muleta aunque si que me agarro del hombro de mi mujer, igualito igualito que cuando éramos novios. Hay costumbres que se pierden y esa es una postura que pasado un rato resulta la mar de incómoda por lo que pasas automáticamente a ir de la mano. Ahora resulta muy útil sobre todo para esas escaleras sin barandilla, la madre que las parió, que tienen serias discusiones con la esclerosis múltiple. También la fatiga me tiene frito y no digamos a la hora de visitar el water, a veces corriendo como loco pero lo normal es leer un par de capítulos del Quijote antes de que salga el chorrillo.

Las cosas no se paran en el plano físico, el intelectual también tiene su aquel. Observo con inquietud como dejan de salirme las palabras que se me quedan en la punta de la lengua y últimamente las diferencias entre lo que escribo y lo que luego leo. Hay una nota más incomoda, están los miedos repentinos e irrazonables que no puedo evitar ni desterrar. Por ejemplo está la fobia a la lavadora, hace unos años sufrimos una inundación en casa a cuenta del aparato y ahora, de repente, me da por pensar que va a volver a pasar y sufro horrores hasta que termina el lavado. Otra manía es pensar que el coche me va a fallar en el arranque y me sube el canguelo cuando giro la llave. No solo es eso, la desconfianza en que los procesos habituales de la vida se vayan a descontrolar me abruma. No puedo evitar el terror al brote: se que tarde o temprano llegará pero me acojono cuando se me exacerban los síntomas, y bien sabéis los escles lo variable que es esto en el transcurrir de los días.

Otra gran inseguridad se me está afianzando últimamente aunque hago todo lo posible por minimizarla. Me da por pensar que en abril del próximo año no me renueven la incapacidad. Objetivamente será raro que eso ocurra porque ya he subido un peldaño en el EDSS desde que me la concedieron pero mi actual estabilidad me carga de dudas. Naturalmente me sería imposible volver al trabajo ya que no duraría un solo minuto de actividad. Es muy incómodo que tu destino dependa de la decisión de una persona que no tiene ni idea de como te las tienes que arreglar en tu vida diaria y que solo te valora por lo que pone en cuatro papeles. Mi neuro suele tranquilizarme en estas cosas y me dice: “con lo que pone ahí es más que suficiente” y recalca mi imposibilidad de realizar mi trabajo habitual. Si que he pensado en embarcarme en un posible trabajo adaptado pero a nada que realizo alguna pequeña labor casera la fatiga se vuelve insoportable y además me pongo a temblar como un flan, es exagerado en brazos y cabeza, cuando intento concentrarme en la tarea. Recuerdo cuando coloqué la barra de la bañera, algo que cuando estaba sano no hubiese tardado ni cinco minutos, me llevó toda una tarde y casi me vuelvo loco. Tomé la decisión de no volver a coger un taladro en mi vida. La única actividad movida que tolero es la de conducir y he de hacerlo tranquilo y con mil ojos porque se me va fácilmente el oremus.

Llevo a cuestas una potente empanada mental y aunque siempre he sido despistado ahora es una losa insufrible. Me cuesta mucho más memorizar cosas, es terrible con los nombres de la gente y con palabras concretas que se me atascan siempre. Tengo dificultad para leer texto con fondo en papel aunque en el ordenador me arreglo, pierdo la línea muy fácilmente y es incomodísimo. Además ahora me dan temporadas de dormir fatal y algo que nunca me ocurría: quedarme frito en cualquier sitio a cualquier hora, haya dormido o no. En la guantera del coche siempre llevo caramelos porque chuparlos es estupendo para evitar el sueño y en cuanto noto algo, zas, caramelito a la boca. A todas horas tengo que hacer sobreesfuerzo en la vista gracias a que mi ojo derecho se quedó hecho un higo con su neuritis. La luz, sobre todo ahora en verano, es una tortura aunque mis gafas se oscurecen aliviando un poco el tema. Mi oftalmóloga me dijo que quizás unos filtros me ayudarían un poco, me va tocando una revisión en la óptica así que lo intentaré. Lo peor es que los hipermétropes somos más complicados para el control visual.

El tema de los miedos tampoco me sorprende mucho porque durante gran parte de mi vida he sido una persona inestable que a las primeras de cambio me cerraba como un mejillón. Aun hoy en día mis ideas suelen ir por senderos de aislamiento pero algo bueno que la esclerosis me ha provocado es que me ha abierto al trato con la gente, nunca había sido una persona con grandes dotes sociales. En estos momentos la situación familiar no invita precisamente al sosiego y a mis fobias tengo que sumar la grave situación de salud en los míos sin olvidar que un servidor no tiene precisamente un catarro. Mi mujer en ese sentido anda desquiciada ya que tiene mil frentes abiertos que atender.

Resulta complicado moverse por la situación social hoy en día. La inestabilidad de la sociedad y los continuos escándalos políticos y económicos no nos pone las cosas fáciles a los que tenemos una situación delicada. Es como viajar en un autobús sin asientos ni barras en las que agarrarse, no hay tranquilidad en ninguna parte y cada día que te levantas lo haces en un entorno totalmente inestable. Se tiende a observar el lado negativo de las personas y con esa premisa es imposible encontrar un apoyo en los demás, los que gobiernan no ayudan y los aspirantes a hacerlo lo ponen peor.

La fatalidad hace que la dolencia que padeces te arrastre por estos andurriales. Por mucho que te repites que esta manera de pensar no es culpa tuya te pone de mala leche tener que pasarlo tan mal con tanta morralla infundada. La vida no ha sido segura en ninguna época de nuestra existencia como especie y lo peor es que somos nosotros mismos los que organizamos estas batallas. El autocontrol es muy necesario y es un trabajo difícil pero vale la pena luchar por el.


A veces lo pasamos mal, nos
da por pensar cosas horribles
que parece que son reales.
Normalmente todo suele ser
infundado y solo en las historias
de imaginación lo terrible se hace
realidad. Una animación estupenda
con un desenlace inesperado para
su protagonista.



miércoles, 14 de junio de 2017

FALSEDAD

A raíz de haber leído un post de Ana Cordobés y colaboradores (El dragón, la tetera y el unicornio: El kit de detección de magufadas) se me ha roído un poco la corteza cerebral ya que estoy cada día más harto de que nos tomen por tontos. Resulta descorazonador observar que está surgiendo un movimiento de paletos “listillos” que pretenden comprar chalet adosado con piscina a cuenta de la gente con problemas. No solo se produce el tema en asuntos de salud sino que se extiende a todos los temas de la vida y aparecen activistas enfurruñados en actitudes ofensivas y lacerantes acusándonos prácticamente de organizar el fin del mundo si no seguimos sus creencias, lo terrible es que pasan la gorra y se la llenan.



En el transcurso de mi vida he hecho seguimiento de actividades promovidas por charlatanes variados aunque jamás me he implicado activamente en las tonterías que predicaban. Recuerdo como cuando era chaval me gustaba el tema de los ovnis aunque no creía ni por asomo que existiesen, simplemente alimentaban mi imaginación y las historias de ficción. Tened en cuenta de que hay un montón de físicos y matemáticos frikis de Star Wars y de Star Trek que adoran a sus personajes pero son perfectamente conscientes de que lo que ven en la pantalla es una falsedad monumental. Uno puede trajinar perfectamente con la fantasía teniendo claro lo que es en realidad.



No me voy a meter en demostraciones palmarias, tan solo aportaré mi opinión personal y soy consciente de que no tengo que convencer a nadie. Seguir mis reglas es mi voluntad y mi condición humana me ha llevado varias veces a meter la pata de una manera espantosa por pura ignorancia o por confiar en gente equivocada. Lo cierto hoy en día es que el bajo nivel cultural que disfrutamos empuja a que las personas se metan en jardines llenos de boñigas. La salud es un tema serio que debería estar más vigilado pero el poder político no quiere meterse en esos jaleos no vaya a ser que si ofrece soluciones para esas estafas el pueblo se las vaya a pedir para otras.



Cuando fui diagnosticado cometí el enorme error de difundirlo y me quedé pasmado ante la actitud de la gente a la que informaba de mi enfermedad. Recibí ofertas de curaciones milagrosas que me ponían al día de la existencia de sanadores infalibles y pude actualizar mis datos sobre el nivel cultural del entorno en el que me muevo. Todo esto me llevó a cerrar la boquita de piñón antes de encontrar al mesías celestial capaz de mandar la esclerosis múltiple al carajo. Por otra parte varios años atrás ya tuve experiencia en el trato con alguno de esos profetas de pacotilla que lo único que provocó fue la reducción del saldo de mi cuenta corriente. Desde entonces mi escepticismo ha aumentado en progresión geométrica y en estos momentos bordea ya la linea exterior del sistema solar.



Cansado de tener que soportar todos los días tomaduras de pelo de todos los tamaños y colores he decidido optar por el cachondeo, cuesta confiar en nada ni en nadie incluido mi sistema nervioso totalmente emperrado en autodestruirse. Naturalmente tengo que vivir, hacer vida social y cumplir con mis compromisos pero eso no está reñido en absoluto con la imagen espantosa que tengo del mundo. Me jode horrores que todo quisqui me quiera desplumar hasta los tuétanos para poder sacar brillo a la estrella del mercedes que aspiran a poseer a pesar de no poder superar los ciento veinte por hora. Todo tiene su medida pero hay gente a la que no le importa desguazar vidas para que la suya se llene de carísimas estupideces. Asqueado de ver como todo el mundo me mira por encima del hombro y se escaquea de sus obligaciones a veces me pregunto si no estaré yo haciendo algo parecido. Veo a gente de alrededor que tiene problemas pero son ellos mismos los que parecen ignorarlos y mi experiencia de vida me indica que jamás preste ayuda a alguien que no me la pida porque lo que consigues es salir escaldado. Cuando alguien comete un error debe tener la humildad suficiente para reconocer su fallo y luego pedir ayuda, si tu se la das sin ese paso lo único que haces es inflar el globo y generarte problemas.



Todos estos cantamañanas curalotodo son expertos en decirte lo que quieres oír. Inmediatamente te dirán que hay una conspiración maquiavélica contra ti y que tu eres el culpable de lo que te pasa al seguir las indicaciones manipuladoras de la sociedad en que vives. Tu médico solo quiere endosarte una enorme colección de medicamentos para que enriquezcas a su jefe aparte de intoxicarte con productos químicos que en realidad te harán dependiente de ellos. Harán continuas referencias a que tu energía espiritual es más poderosa que la parafernalia médica y que solo necesitan una pequeña ayuda de ciertos “productos naturales” que ellos mismos proporcionan. Si te curas con sus cosas estupendo, ya tienen publicidad gratis para enganchar nuevos incautos, tampoco sabes que hay cientos de dolencias que curan por si solas en cuestión de tiempo, mientras llenarás sus bolsillos comprándoles agua con azúcar. Si no te curas es que la enfermedad que tu mismo te has causado la has agigantado por tus exageradas y equivocadas actitudes. Además te venderán el hecho de que la medicina química tampoco ha solucionado tu problema por lo que se quitan de encima posibles responsabilidades.



La sociedad es así, me suele hacer gracia cuando se adjudica la corrupción y el engaño exclusivamente al terreno político. La soberbia y la codicia están plenamente extendidas entre todas las capas sociales y son perfectamente visibles hasta en los pobres de solemnidad. Todo este tinglado de curalotodos y homeópatas son solo un pequeño apartado entre toda la infamia que nos rodea y ojo, también en la medicina oficial pública y privada podemos encontrarnos gambas de todo tipo y tamaño, aunque ahí resulte más difícil sostenerlas. No tenemos remedio y no hay por donde atajar este sistema enfermo desde su raíz. La único que nos queda es vivir nuestra vida con cuidado poniendo en duda todo lo que nos ofrecen incluso desde instancias poco sospechosas, preguntar nunca ha estado de más y escuchar distintas opciones no es nada malo pero como norma general nunca te fíes de quien no arriesga nada con sus comentarios.



Todo ese sistema paralelo de magufos y poseedores de la verdad absoluta no es más que un entramado para sacar pasta, incluso el mundo político se ha llenado de charlatanes vendedores de utopías. Desconfía de quien te acusa de ser el responsable de tus males o de quien pone a caldo cuestiones vitales e irrenunciables como los antivacunas. Una pequeña mención especial a los antiwifi, una panda de pirados que no ha echado cuenta de la cantidad de emisiones electromagnéticas con las que tienen que convivir diariamente incluidas las naturales. Solo el wifi y las antenas móviles son perjudiciales y si quieres te lo cuentan por whatsapp. Haré lo posible por no caer en esos mundillos de tontos del nabo pero mucho ojito: los medios e internet están plagados de pozos donde caerse y esquinas que no debes doblar.





A veces hay que tener cuidado

con algunas ayudas vitales que

nos ofrecen, no vayan a ser como

la que obtiene este simpático bebé

por parte de alguien de su entera

confianza. Moraleja: no te fíes

ni de tu sombra.



miércoles, 7 de junio de 2017

TECNOLOGIA

A veces pienso que hay que relajar un poco la tensión diaria sobre todo con los temas de salud que en mi caso se extienden más allá de mi propia persona. Rodeado de tanto padecimiento me dan ganas a veces de coger una sierra mecánica y pegar tajos aquí y allá sobre todo en la parafernalia familiar añadida al asunto. A la vista de que es prácticamente imposible cambiar a la gente habrá que optar por cambiar un pelo el discurso a ver si así me centro en algo positivo y deja de subirme la tensión. No es broma, mi médico ha empezado a controlarla y no descarto el añadido de un nuevo medicamento a mi dieta.

Compartir estas cosas me ha venido muy bien, siempre me ha gustado escribir y era una actividad que practicaba en mi juventud y que había abandonado hace años, no la lectura gracias a Dios. Ahora mi presencia internetera y mi disposición de tiempo ilimitado me invitan a ello dándome la perversa satisfacción de torturaros. La verdad es que estas redacciones me sientan de maravilla, me sirven para poner en orden mis ideas y me desahogo cantidad. Estar en las redes también me ayuda mucho y ahí también tengo que esforzar un poco mi cabeza que falta le hace. La tecnología me permite todo esto y últimamente me tiene bastante ocupado tenerla a punto.

Esto es precisamente lo que me ocupa hoy, esa tecnología que nos invade por todos lados. He vivido prácticamente todo el desarrollo informático de las últimas décadas y las cosas la verdad es que han cambiado mucho. Lejos quedan aquellos pinitos en el MS-2 cuando un disco duro tenía cien megas y era la rehostia. Eran tiempos de magnetófonos, vídeos y casetes, donde solo había dos canales de televisión y casi todo el mundo nos entreteníamos con lo mismo. Han pasado treinta años desde que comenzó mi vida laboral y ya no queda ni un pequeño trocito de aquellos procesos, que lejos queda el tiempo donde para enviar información electrónica lo hacías en disquetes y lo mandabas por correo ordinario. Llenábamos la casa de cintas, vídeos, libros y discos y por aquel entonces un ordenador personal era todo un lujo muchas veces inalcanzable.

Toda esa revolución lleva un ritmo imparable. Ahora ya no buscas las cosas, se te meten en casa y no hay prácticamente manera de frenarlas. No eres tu el que tiene el control de lo que te gusta sino que viene impuesto por la inmediatez, un fogonazo instantáneo y totalmente caduco de inmediato. No es época de reflexión ni de cuidado de los contenidos, todo abrasa en segundos y mañana ni te acuerdas. Sin embargo toda esa prisa a mi, en mi condición de crónico, no me llena demasiado. Practico unas normas interneteras bastante rígidas y procuro seleccionar y filtrar todo el contenido que llega a mis ojos, al menos al izquierdo porque el derecho ya filtra el solo. Uno tiene su cultura, disfruto mucho con el cine y he leído una barbaridad hasta que las neuritis se cargaron el contraste del papel. No puedo con la tele, es superior a mi y tan solo miro canales temáticos. Es probablemente el mejor sistema para cargarse culturalmente un país y gran cantidad de gente huye de el para refugiarse en internet donde si no tienes cuidado te arrasan el cerebro.

Por ahí se puede ver a todo el mundo con sus dispositivos, cargados de apps que probablemente no lleguen ni a abrir. Me suele causar asombro un tema muy habitual y es que muchísima gente no tiene ni idea del cacharro que lleva en la mano. Por ahí van con su móvil de ochocientos euros mandando whatsapp a diestro y siniestro cuando uno que cuesta diez veces menos cumple de calle. Es como si todos condujésemos ferraris para llevar a los nenes al cole, unas máquinas impresionantes para realizar tareas simples y sencillas. Nadie se para a pensar que artilugios mucho más corrientes bien configurados son menos complicados de manejar e igual de seguros. Se me revuelven las tripas cuando veo a un crío de trece años portando un iphone de último modelo. Resulta increíble que la gente haya aceptado que el móvil que tiene le aporta estatus, no es el aparato lo que te define sino lo que haces con el.

Las redes son la estrella que hoy en día mueve este mundo, son multitudinarias, instantáneas y permiten relación directa en tiempo real con todo el mundo. Lo peor es la información que circula por ellas con la que hay que tener un enorme cuidado ya que la falsedad y la manipulación llegan a extremos inimaginables. Para los crónicos supone una verdadera liberación ya que el contacto continuo con otros enfermos ha destruido la losa de aislamiento que tradicionalmente tenía este colectivo. No te quita dolores ni provoca curaciones pero te aleja de la depresión y el abandono al que antiguamente estabas avocado. Naturalmente las redes están llenas de desaprensivos pero no ocurre así en el mundo de los enfermos donde la gente normalmente es muy correcta y se aleja de las sandeces. Mi experiencia en twitter tiene esas características aunque también tengo que convivir con cuentas de no enfermos que hay que seguir con el casco puesto.

El mundo de la tecnología ha hecho cambiar el objetivo de sus usuarios. Hace apenas diez años se fomentaba mucho la creatividad y hoy en día nos ha colocado prácticamente como meros espectadores aunque nos permite los comentarios, algo que no era posible anteriormente. Yo mismo he desarbolado prácticamente mi ordenador de programas que ya no son necesarios porque la red te lo ofrece todo. La dimensión de lo audiovisual raya el esperpento permitiendo incluso que emitas en directo tus propias barrabasadas. Con todo esto muchas veces me pongo a pensar que estaría haciendo mi padre si viviese ahora, era un ávido lector, escribía y pintaba cuadros. Cuando yo tenía ocho años se preocupó de inaugurar mi propia biblioteca personal que ha llegado a dimensiones respetables, la mía en mi casa y la suya al cuidado de mi madre. Probablemente estaría tan colgado del ordenador como yo y estoy seguro de que tendría su propia web, algo que yo he sido incapaz de crear. Heredé su curiosidad y sus ganas de aprender pero yo siempre he estado muy agobiado e inseguro para ponerlas en práctica.

Y aquí estoy, publicando cosas ya que en mi opinión si no aportas nada estás de sobra en este mundillo. Aparte de este blog personal tengo otro más mundano (mipelideldia) que muchos conocéis, le ha dado otra dimensión a mi vivencia cinematográfica. Hace años ya tuve otro blog de cine pero terminé destruyéndolo ya que lo hacía mucho más complicado que el actual que no lleva más de dos o tres minutos de lectura por post, cosas de mi actividad internetera que no tienen multitud de seguidores pero que a mi me llenan mucho.

El smartphone es algo en lo que yo no creía en un principio, renegaba de el como de la peste y al final cayó uno en mis manos. El aparato que uso es muy muy corrientito pero a base de descifrarlo y configurarlo he conseguido ponerlo a la altura de servicio que me da el pc de casa. Nunca pensé que se podría llegar a ver la tele en la mano, mi padre se volvería loco, pero el mundo se cae a tus pies con este artilugio demoníaco. Quizás una pantalla más grande me vendría bien sobre todo para compensar el desastre de mi ojo derecho y a lo mejor opto por un sustituto, barato eso si. Tampoco me olvido del televisor que también es un aparato que se ha transformado en los últimos años, conectado a todo ahora lo que menos se ve en el es la desastrosa TDT, cuyo futuro veo más negro que un almacén de carbón.

Esto ha sido un poco mi descripción de mi relación con la tecnología. Todo es estupendo pero la verdad es que no es ni siquiera comparable al placer de los libros y las salas de cine. Esta modernidad tiene un punto maléfico de control y esclavismo pero estoy seguro que si de repente desapareciese se produciría una revolución, es algo imparable y la gente joven se vería incapaz de manejarse en el sistema cultural antiguo, je, un adjetivo muy exagerado cuando hablamos de diez años atrás.


En mi familia tengo
una falsa fama de experto,
algo que dista mucho de la
realidad y de manera cachonda
me llaman “El Teclas”.
A veces es necesario un
pequeño respiro con una
animación divertida como
esta que describe estupendamente
a los colgados del ordenador.