Seguidores

miércoles, 20 de septiembre de 2017

C´EST LA VIE

No, no nací ayer, aquí vengo dando guerra desde hace años y desde el principio no tengo ni puta idea de hasta cuando me voy a quedar. Hacer resúmenes de vida es peligroso ya que la memoria resulta ser mala consejera y depende del estado de ánimo actual para que los recuerdos brillen con un blanco resplandeciente o se instalen en las negras paredes de un túnel sin luz. La que sí es cabezona con ganas es la actualidad y me han tocado últimamente acontecimientos que están cambiando la rutina diaria a pasos agigantados.

Mi vida en los últimos años no tiene ningún misterio, bueno alguno sí pero queda claro que no lo voy a contar, y ha estado marcada por la presencia de la odiosa pesadilla de la esclerosis múltiple. Ella sola se ha ocupado de transformar mi vida de arriba abajo haciendo difícil lo fácil y sacándome del tiesto. Ya va camino de los tres años que me expulsó de mi vida laboral y me mantiene en mi casa así por el morro. No tiene la exclusividad de mis aventuras aunque le concederé un Oscar honorífico por su laboriosa dedicación a hacerme la puñeta.

Estoy en esa edad que la gente considera mágica, en la que se alcanza la plenitud de la vida laboral y arrecian los éxitos en la familiar comenzando el declive que lleva a la vejez. Pues bueno, no trabajo y mi familia se reduce a la presencia de mi atareada esposa que acaba de sufrir el impacto de un torpedo en su línea de flotación al fallecer su madre. No penséis que a mí no me ha afectado la explosión, tenía muy buen rollo con mi suegra. Es esa edad en la que los ascendientes ya acumulan muchos años y desgraciadamente empiezan a marcharse, eso en la vida moderna porque no hace muchos años yo mismo andaría cerca de cascarla. No hay hijos, ojo, no es que no hayamos hecho méritos para no tenerlos pero no hemos tenido ocasión adecuada en la edad razonable, comenzamos a convivir tarde y no era cuestión plantearse embarazos a partir de los cuarenta. Siempre hemos sido sensatos en ese aspecto aunque no hubiese sido ninguna tragedia haber tenido algún descuido, es lo que hay pero no nos supone ningún problema.

La muerte de mi suegra ha sido un varapalo enorme y nos cambia la vida de arriba abajo. La rubia le dedicaba todo su tiempo a hacerle la vida más cómoda sin recibir ninguna ayuda y además tenía que atenderme a mi. Afortunadamente no preciso atenciones extremas y puedo defenderme con bastante libertad así que estaba volcada con su progenitora. Para mi es un preludio, ahí está mi madre con su cáncer de colon a cuestas que le diagnosticaron quince días después de que el neurólogo me anunciase que me había tocado la primitiva. Toda valiente aguantó tres cirugías brutales y se quedó con un trocito de tumor que se puede controlar con la quimioterapia. No tuvo suerte su consuegra a la que el mismo mal se la ha llevado por delante ya que cuando le fue descubierto no admitía tratamiento. Ahora yo noto a la ama un tanto acojonada, no es tonta y sabe que la dama de la guadaña anda cerca pero con lo sufrida que es espero que tire unos cuantos años más. Ahí está haciendo su vida independiente así que la dejaré tranquila mientras la acompaño a sus consultas que unidas a las mías transforman el hospital en mi segunda casa. Mi hermana está algo lejana pero eso es otro aspecto del que quizás escriba en otra fecha más adelante.

Ahora quien me preocupa es la rubia, su rutina se le ha hecho añicos ya que se ha encontrado de repente con un tiempo que se le ha quedado vacío y que yo se que le va a costar horrores llenar. Ella estaba encima de su madre todas las horas que su trabajo permitía dándole atenciones y compañía. Uno de mis cuñados se ocupaba de darle apoyo con la casa y las visitas al médico pero no había más colaboración decente por parte del resto del entorno. Yo he ayudado a mi mujer todo el tiempo en lo que podía y ahí solíamos estar los dos con su madre que además tenía nuestro coche a su entera disposición. Recuerdo los dos años que la tuvimos en nuestra casa por un pesadísimo proceso de rodilla, un tiempo en el que no recibimos apenas colaboración de nadie y que terminó cuando pudo por fin andar sin problemas, volviendo a su casa para vivir sola e independiente. No, no estamos nada conformes con la solidaridad recibida, así son las cosas y la progresión de todo este asunto pinta mal.

Desconozco si nuestra actitud ha sido positiva o no, pero al menos ha existido frente a la ausencia de otras. Es cierto que cuando uno se arropa en dar apoyos a la gente se vuelve un tanto crítico y conservador frente a los demás pero en este caso estábamos más solos que la una así que no nos han dado pie a considerar disculpas. Ahora en la familia de mi suegra vendrán asuntos legales y habrá fiesta rociera, no me imagino como me las veré yo con los míos cuando mi madre abandone este mundo. Al menos solo somos dos para discutir pero la familia de mi mujer son cinco hermanos cada uno con su historia particular que no tiene nada que ver con la de los demás. Yo no tengo nada que decir pero la rubia anda afilándose las uñas a la vista de lo que le espera.

Triste tema a tratar mucho más cuando soy un firme candidato a necesitar ayudas serias y no veo un ambiente muy favorable a mi alrededor para recibirlas. El caso de las personas mayores es otra historia y es muy frecuente ver abandonos descarados. Por otra parte la educación recibida no es nada adecuada, no lo fue para los que hoy en día son ancianos ni lo ha sido para las generaciones posteriores siendo hoy en día un desastre descomunal. Por otra parte la cultura social no es nada benévola con aquellos miembros que son improductivos hacia los que se aplica una silenciosa discriminación ya que al resto le suponen un gasto incómodo y obligado. Eso somos, números contantes y sonantes que imponen comprar un Skoda en vez de ese deseado BMW rojo. Más de uno opina sin rubor que prefiere cementerios llenos que enfermos y ancianos que cuidar, no se cortan ni un pelo en dejar tirados a sus propios necesitados.

Mala racha si, pero la naturaleza no gestiona sus cosas en función de nuestras necesidades y a veces se acumulan muertes y enfermedades. Los problemas lo son siempre para la gente de alrededor, a los muertos se las suda todo y los enfermos tenemos que dar el coñazo al entorno para poder llevar una vida razonable. Una sociedad centrada en el poder y el dinero no tiene escrúpulos en aplastar a sus miembros incapaces, así nos va.


Así de absurda es la vida
de los pobres, los enfermos
y los discapacitados. Hay
que ver bien quien coño
saca provecho de ello, a
veces de manera inocente
como pasa en esta animación,
pero la mayoría lo hace de forma
consciente y avarienta. Un
jubilado capaz de aportar
tres mil euros al mes será muy
bien recibido en una residencia.

Al resto que le den....



miércoles, 13 de septiembre de 2017

ENTORNO MALDITO

En estos últimos tiempos han sucedido cosas en el trayecto de mi vida que me han sugerido hacer una pequeña revolución. La hipocresía y el postureo observado en la gente de alrededor cada vez me sientan peor y cada día que pasa desaparece la indiferencia y aumenta mi desprecio hacia ellos. Es triste reducir la agenda pero es muy sano descargarla de relaciones vacías y totalmente innecesarias.

No, no nos engañemos, no soy una persona que cultive relaciones pero si que suelo ser correcto y hasta ingenuo al tolerar las gilipolleces sin pestañear. Hace años mi inmadurez me hacía sufrir al ser ignorado pero el paso del tiempo fue imprimiendo una estabilidad personal, forjada en la soledad, con la suerte de no haberme perdido en maldades y adicciones. No soy de piedra y me gusta relacionarme con la gente pero me cuesta mucho distinguir sus verdaderas intenciones, Voy aprendiendo y mi mujer es toda una maestra en esas lides así que no tengo inconveniente en recibir formación.

El hecho de haberme convertido en un enfermo crónico discapacitado no parece haber hecho mucha mella en la gente que me rodea, tampoco era de esperar. Si que existen personas que se preocupan pero la indiferencia general es abrumadora, eso no me importa en absoluto, nadie pregunta si tengo necesidades pero eso no es nada nuevo para mi porque ya las he pasado putas totalmente solo en otras épocas de mi vida. Afortunadamente me defiendo con lo que hay pero es decepcionante pensar que la evolución de la enfermedad podría precisar colaboraciones que, a día de hoy, muy pocos estarían dispuestos a darme.

El postureo es hoy en día religión e incluye fingidas disponibilidades para ayudar, elevando a nivel de heroicidades simples pijadas cuando en realidad la gente se tira años sin hacer ni puto caso a los próximos necesitados. Lo importante es satisfacer sus ambiciones e ingenian diferentes maneras para cubrirlas, aunque tengan que realizar chanchullos, mientras van cultivando la futura indiferencia que causarán sus dificultades. Lo cierto es que no hay nada seguro y muchos terminarán yéndose de rositas aunque no se yo si su conciencia aguantará el tipo, la mía al menos suele protestar por mínimas chorradas.

La continua exposición a estas prácticas ha elevado mi experiencia en soportar pelmadas de gente con la que coincido apenas una hora al año y que no tiene problemas luego para seguir ignorándome. Lo más jodido es que en cuanto desaparecen de mi vista muchos se dedican a ponerme de vuelta y media, intentando hacerme quedar como un imbécil ante personas muy cercanas para que ellas participen de sus críticas y les apoyen. Pero no saben calcular hasta que punto llega su credulidad, cree el ladrón que todos son de su condición ya que estas personas confían ciegamente en su éxito si no son censuradas. Pero hay mucha gente discreta que aguanta sin opinar ni “mu” sobre el tema para luego ponerlo en conocimiento del afectado.

La presencia de auténticos conspiradores en el entorno personal es conocida por todo el mundo. Seguro que cualquiera puede encontrar alguno si hace un repaso en su cuenta y yo no soy ajeno al problema. Ignoro las razones que los impulsan, no se lo que les provoca porque yo intento no buscarle problemas a nadie. Puede que con mi actitud la cague por puro desconocimiento de los problemas de los demás pero esta gente urde planes desestabilizadores para los miembros de su grupo social. Puede que el tema esté relacionado con su enriquecimiento personal pero en mi caso lo descarto porque no soy precisamente Bill Gates si pretenden subvencionarse a mi cuenta. La cosa suele ir orientada a ganar prestigio social denigrando el de los demás, pero la acumulación de improperios y falsedades gratuitas suele dar un trabajo espantoso. No hay labor más ardua que mantener una mentira y el precio que se paga no compensa en absoluto los beneficios obtenidos.

No he tenido la ocasión de sufrir burla o discriminación por mi condición de enfermo crónico pero estoy seguro que hay gente que piensa en ese tono ya que conozco declaraciones de desprecio hacia otros, no iba a ser yo diferente. Hay disputas existentes entre mis conocidos pero el problema más habitual es la falta de diálogo más que la diferencia en sí. Suelo reírme cuando mi madre me cuenta afrentas por las que no se lleva bien con algún familiar y que sucedieron hace cincuenta años, resulta que las tiene en cuenta cuando se encuentra con ellos cinco minutos de quinquenio en quinquenio, un disparate que resulta gracioso.

Pues ya me estoy cansando un poco de repartir sonrisas por la vida, incluso en los últimos tiempos he comenzado a soltar zascas según y a quién, algo que no era nada frecuente ni siquiera posible cuando las cosas seguían su curso normal. No está sucediendo solamente por mi condición de esclerótico, sino que se me está acabando la paciencia con los rollos macabeos. Supongo que la edad y el hecho de haberme hecho invisible están ayudando un poco y puede que me esté convirtiendo en un cascarrabias pero es que cada vez aguanto menos a los bobos.

Se que este tipo de cosas ataca con mucha frecuencia a los crónicos, obligados muchas veces a demostrar que
están enfermos. Mi aspecto exterior es fabuloso, salvo que no soy Richard Gere, pero me gustaría ver la cara de algunos teniendo que lidiar con los síntomas que aguanto. Para mi son el pan nuestro de cada día y me he acostumbrado a ellos, solo hay que modificar hábitos que se han vuelto incómodos. El resultado es que mi actitud se esfuerza en mantener intactas las habilidades de siempre y aunque a veces suelto un “me cago en la leche” cuando no puedo con algo no permito que eso me afecte. Eso es algo admirable cuando lo veo en gente que va en silla de ruedas o tiene que usar bastones o andadores, se ve la silla pero no la peineta que hace su pasajero con todo su derecho. Soy muy afortunado al poder prescindir de estos artefactos aunque los miro de reojillo.

Si ya es difícil la interacción social cuando estás sano todo se complica cuando te atrapa una enfermedad discapacitante, sobre todo cuando tu movilidad está comprometida. No falta quien se indigna porque tienes un chollo sin trabajar cobrando pensión o que disfrutas de privilegios fiscales y sociales, de todo hay en la viña del señor, pero seguro que no les haría mucha gracia resultar beneficiarios por la vía legal de esos “chollos”. Hasta ese punto llegan las relaciones pero son conocidos casos donde familiares directos se dedican a hacer la puñeta a sus enfermos confinándolos en situaciones lamentables. En nuestros tiempos es muy habitual ver discapacitados severos paseados por la calle pero en mis años mozos no veías ni uno, si de repente aparecía alguno era todo un espectáculo. Sufrían un aislamiento que algunos hoy en día estarían encantados de proporcionarles.

Difícil la tarea el crónico al moverse por lo social pero ya lo es estando sano. Es increíble como la gente se complica la vida por parecer más alto que todos los demás y como personas honradas y de buen talante son pisoteadas todos los días. Es muy fácil pecar por ignorante y generalmente la gente que lo hace suele pedir sinceras disculpas, otros en cambio reparten mierda a manta por cosas tan peregrinas como que no les gusta el color de la lona del toldo de tu balcón. La maldad está servida simplemente por la oportunidad de conseguir diez céntimos por la cara. Estoy hasta el moño de tener que aguantar gilipolleces en mi entorno directo.


Resulta frustrante la actitud
de los demás frente a los problemas
propios. La gente por supuesto
da prioridad a su propia vida
pero olvida fácilmente que a
su alrededor hay personas con
problemas. Lo intolerable son
esos individuos que se dedican
a poner trabas a otros o a poner
peros a sus necesidades sin
molestarse un segundo en valorarlas.

Hoy toca vídeo musical, un tanto
alocado y divertido. Conocía desde
hace años la melodía que demuestra
como a pesar de aplicar locura y cachondeo
a asuntos serios se pueden hacer
cosas geniales.




miércoles, 6 de septiembre de 2017

POISON

En este mundo de la esclerosis múltiple existe un término muy conocido y que prácticamente todos los enfermos conocen muy bien. Es algo que no solo se da en el mundo de la enfermedad sino en muchos aspectos de la vida y que está causado normalmente por la ignorancia brutal sobre la que está asentada nuestra sociedad. Se trata de ese personaje situado en el entorno personal de la gente y al que tradicionalmente se le denomina “persona tóxica”.

Es esa gente que generalmente van de listillos por la vida y saben de todo. En el tema de la salud es terrible porque la calle está llena de batas blancas y fonendoscopios. Basta abrir la boca y decir “Ay” para que un regimiento de individuos se echen encima indicando el remedio adecuado para dejar de quejarse, consejos sobre consultas médicas, estadísticas probadas de afección y una colección de medicinas estupendas y productos homeopáticos increíbles que mejorarán la salud de manera rápida. Les da igual que el grito haya sido consecuencia de haber pisado una china en el suelo, eso es malísimo según Google.

La ignorancia desmesurada y las ganas que tiene el personal de dar palique coronándose como especialistas consumados, sin tener ni idea, provocan este tipo de indeseables interacciones. Si resulta que se trata de una enfermedad crónica hay que prepararse, el meteorito que va a caer encima extinguirá a los dinosaurios y a los habitantes del planeta Ganímedes aunque esté a un porrón de kilómetros de la tierra. Cuando fui diagnosticado cometí el tremendo error de divulgarlo sin freno y terminaba con cara de tirarme al tren cuando recibía cientos de consejos y previsiones inimaginables para mi esclerosis. Ya lo he contado en este blog hace tiempo, cerré la puerta cuando un pollo me indicó que conocía un médico estupendo que me curaría. No pregunté su nombre pero estaría encantado de saludar al próximo premio Nobel de medicina. Cualquier paciente con esclerosis múltiple sabe gracias a su neurólogo que es una enfermedad que no tiene remedio conocido. Mi tradicional duda metódica había permanecido escondida durante años por lo que había llegado a esa situación. De repente volvieron a iluminarse mis neuronas a pesar de su deterioro, cerrando la boquita y dando fiesta a la lengua.

La actitud normal de la gente del entorno es bastante típica, mirar a Cuenca es su deporte favorito porque al ser una persona con problemas me he transformado en el hombre invisible. Naturalmente los crónicos tenemos un circulo muy próximo que da soporte pero incluso en estos grupos podemos encontrar actitudes de toxicidad bastante elevada. Ya tengo unos años y me he tenido que jamar multitud de marrones a solas y sin ayuda de nadie, así que no me mosquea en absoluto que a mi casa no acudan visitas interesándose por mi estado. Me muevo por ahí, me encuentro mucha gente que sabe de mi enfermedad y ya he aprendido a distinguir las caras de lástima, fingida por supuesto, de las actitudes de relación normal y corriente de las personas. Da mucho que pensar que muchos individuos sabiendo mi problema no me hagan ni puñetero caso y es frecuente el “¿qué tal estas?” y el “se te ve muy bien”. Esto último me revienta sobre todo cuando mi última resonancia ha proporcionado una foto de una colección de fuegos artificiales del gran premio semana grande de Donosti. Cuando una persona se transforma en un crónico con discapacidad su vida social no se transforma símplemente desaparece y tiene que construirse otra nueva.

Pero no se para ahí la cosa, dentro de las personas tóxicas hay un subgrupo de gente que eleva su perversidad al máximo. Se trata de las personas venenosas que son las que nunca están disponibles cuando se las necesita. Siempre están ocupadísimos sin disposición de tiempo, nunca tienen dinero o están clavados y siempre se encuentran mal o lesionados. Esas son varias de las excusas más habituales aunque suele haber otras algo más sofisticadas. Alegar indisponibilidad una vez pues bueno, parece algo normal, pero esta gente se excusa por cualquier cosa aunque de vez en cuando aceptan algo cuando se ven acorralados por la situación. Su vida privada les delata, resulta que se descubre que cuentan con tiempo para un viaje de vacaciones o que emplean dinero para matricular un coche que quita el hipo o que a pesar de señalar mala salud salen a entrenar para una próxima carrera popular. Eso sí, hay que evitar censurar su actitud porque montan un cirio de cojones alegando que siempre están los primeros para ayudar. Los tóxicos a fin de cuentas son unos pelmas pero los venenosos son insolidarios o albergan odio y resentimiento contra el enfermo o su entorno.

La falta de educación y la codicia en la sociedad produce este tipo de personas que solo viven para si mismos y marginan a los demás mientras cultivan aquellas amistades que les producen beneficios. A veces la vida les da un vuelco causándoles un problema y de repente sus amigos desaparecen, tal como hacen ellos, y resulta que no pueden pedirte ayuda porque como crónico normalmente cumples los impedimentos con los que ellos falsamente se excusan. Antes del suceso todo va de perlas pero cuando se tuerce la suerte las relaciones sociales se van al carajo, un premio estupendo a su abnegada labor.

Si la vida ha transcurrido por caminos responsables aquellos que realmente han guardado respeto echan un cable de vez en cuando. Una vida ordenada siempre aporta seriedad y confianza aunque como puede verse hay mucha gente a la que se la suda. Están por otro lado las medidas sociales oficiales pero por lo general el sistema aparta a los miembros que padecen problemas, se los quita de encima con ayudas y servicios que pregonan a voz de grito pero siempre resultan ser insuficientes o necesitan farragosos y largos trámites para conseguirlos.

En el mundillo de los enfermos crónicos se aprende muy pronto a convivir con este tipo de gente, los tóxicos y los venenosos. Hay obligación de establecer estrategias y aguantar sus patochadas, llegando incluso a mandarles a paseo. Normalmente las buenas maneras y la amabilidad fluyen en la relación pero no se deja de mirarlos por el rabillo del ojo. Tomar la vida de buen grado a pesar de dolores y síntomas incómodos es casi obligatorio para poder sobrevivir a solas o con el respaldo de gente de entera confianza pero ojo, también se puede uno pegar una toña de kilo dentro de esas relaciones.


Hay que ver las vueltas que da
la vida. Todo el tiempo luchando
por tener un entorno agradable
y al final todo el mundo te da por
saco. No soy el único, porque la
gente se afana en enterrar vidas
ajenas sin prestar atención a los
problemas que arrastran. No hay
que perder el norte, las cosas no
van a cambiar en siglos así que
lo mejor es ajustarse la manta y
procurar dormir cómodamente.

Mola mucho jugar con la vida
de los demás con mala hostia
e intenciones perversas pero hay que
tener cuidado porque donde menos
se espera salta la liebre.



miércoles, 30 de agosto de 2017

UNA LARGA VIDA



Transitar por la vida es un ejercicio fatigoso e imprevisible. Todo el día se le da vueltas al futuro y se investiga en el pasado buscando acontecimientos que puedan provocar posteriores eventos, el presente se escapa entre las miles de marañas que ocultan la realidad. La suerte influye en la vida y nunca, nunca sabes que te va a deparar ni puedes predecirlo. Hoy en día infinidad de gente vive pensando en el famoso “yo controlo” que acostumbra a terminar con una hostia espantosa contra un muro de hormigón. Todas las adicciones, abusos y actitudes chulescas se disuelven como un sobre de frenadol en el vaso de la triste realidad que obsequia con fantásticos acontecimientos inesperados. Esa falta de previsión es característica de la vida, todas esas cosas que crees que giran alrededor para que solo las mires de vez en cuando se te tiran encima y te dan un bocado, no se pueden controlar.



Mi historia personal ha tenido varios “fin del mundo” de lo más dispares en los que ardía en deseos de que me tragase la tierra. Evidentemente aquí estoy, tecleando tranquilamente en mi casa y descojonándome a gusto de aquellos horrendos monstruos que un día me amenazaron. En alguno quizás tuve parte de culpa pero la gran mayoría venían de tierra de nadie provocados por sucesos que no tenían nada que ver con mis cosas. Naturalmente el diagnóstico de esclerosis múltiple echa por tierra todos los eventos anteriores, aquellos se solucionaban con el tiempo pero este tiene una etiqueta de “incurable” para morderse las orejas. Más o menos miras alrededor y ves historias enrevesadas y puñeteras en la gente que al final se resuelven, no es tan fácil en las historias de salud.



Arrastro una mala sensación con los miembros de mi entorno que me han transformado en invisible a los ojos del mundo. Las famosas relaciones tóxicas hicieron aparición en mi vida cuando de repente mi movilidad saltó por los aires y mi historia médica fue cayendo en manos desaprensivas cuando yo erróneamente la publicaba a discreción. Reconozco que nunca he sido un personaje muy activo en lo social y me había ganado la fama de persona seria (¡Ay! que poquito me conocen...) y no, no soy gente para animar fiestas ni tampoco el graciosillo de turno. En los últimos años los demás solían acercarse a mi en busca de consejo o a intentar manipularme para ayudarles a conseguir objetivos que a mi no me contaban. A veces tratando de ayudar metí la pata, eso sucedió en el pasado y ya tomé medidas drásticas para evitar esos fallos, no me acuesto con nadie salvo con la rubia, aguanto coñazos hasta la extenuación y ahora que tengo argumentos para dar la tabarra ni Dios me hace caso....



Soy una persona que me manejo bastante bien en soledad y no suelo buscar compañías para mis asuntos. Naturalmente convivo con la gente y me afectan las cosas que les pasan. Mis sentimientos aprecian a los míos, pero yo me debo solo a mi mujer y su falta derrumbaría mi persona. Suelo olvidarme muy pronto de las afrentas que me han ido lanzando y también me olvido enseguida de las desgracias aleatorias que me ocurren. Me dejo llevar a veces por temores infundados o preocupaciones inútiles contra las que lucho con fuerza hasta dejarlas de lado, a veces me cuesta. Procuro no pisar ni joder a nadie pero defiendo mis cosas a capa y espada porque como te dejes te vacían hasta los dobladillos de los pantalones. Ahora en mi estado mi paciencia ha subido muchos enteros y me fijo más que antes en las cosas que suceden a mi alrededor. Así veo como gente que se ha librado de mi comienza a tener problemas no económicos serios en sus vidas, aquella salud que disfrutaban y que consideraban inquebrantable empieza a hacer aguas. De repente se ven en una situación penosa con la mala conciencia de haberme mandado a tomar por saco. Por supuesto que lo ocultan pero sus allegados más próximos tienen boquita de piñón que te pone al día de sus cuitas. No me alegro pero reafirman mi creencia de que la vida no está ni de coña en nuestras manos.



Se me va un poco la olla intentando reflexionar que pintan los demás en mi vida. Cuando han llegado las vacas flacas realmente me he dado cuenta de que es lo que esperaban de mi, cuando han visto que ya no les puedo ser útil y que además puedo causarles problemas me han dejado de lado. No todo el mundo lo ha hecho, ha habido gente que inesperadamente se ha mostrado solidaria. Tampoco me duele haber perdido relaciones “forzadas”, cuando te mueves por lugares donde tienes que convivir con gente que no has elegido y lo abandonas las relaciones se mueren, por ejemplo los estudios y el trabajo. Eso ya me había pasado en otras épocas cuando no estaba enfermo. Me duele más en el entorno familiar y de mis amistades de toda la vida, cierto es que a mi edad las amistades ya han pasado a segundo plano hace tiempo pero coño: duele. Son tiempos de crisis y a pesar del buenrollismo que se cacarea por ahí es difícil encontrar solidaridad. Una cosa es lo que dicen que hay y otra las puertas que se te cierran en las narices. Mi mundo siempre ha sido reducido, nunca me he implicado en saraos sociales ni soy activo a nivel de mis intereses. Quizás sea un poco conformista pero seguir las normas me parece una de las pocas opciones racionales que hay hoy en día, algo que una enorme cantidad de gente se salta a la torera y encima te lo restriegan por la cara. Recuerdo cuando tenía veinticinco años, me caducó la prórroga del servicio militar, yo y otros cinco fuimos los únicos de Gipuzkoa que nos destinaron a Ceuta y me viene a la mente un momento en el tren con destino a Algeciras en el que pensé: “te ha tocado, es una putada pero es lo que hay”. Ahora más o menos lo mismo, la esclerosis es lo que hay pero preferiría estar pegando barrigazos en el monte Hacho. La vida va en su camino y trae sus sorpresas, a veces son jodidas pero no hay más remedio que aceptarlas. Mucha gente se niega e incumple reglas y normalmente la cosa no suele acabar bien.



Naturalmente las normas se pueden incumplir, pero siempre con procedimientos serios. De poco sirve incendiar contenedores o llenar twitter se soflamas incalificables cuando no presentas ninguna queja formal ni recurres a medios legales para intentar cambiar algo. Autocalificarte de radical solo te transforma en el esbirro de alguien que probablemente viva mejor que tu y al que le vienes muy bien para hacer el trabajo sucio. Naturalmente no estoy de acuerdo con muchísimas cosas de la sociedad pero me niego a convertirme en un problemas más. La naturaleza ya pondrá orden en su día a este loco sistema con algún meteorito o epidemia, quizás algún desalmado desate el posible holocausto nuclear que sigue estando ahí aunque nadie hable de ello.



Uf, me he puesto de un apocalíptico subido que marea. La sociedad se hace entre todos pero la enfermedad viene ella solita a hacerte la pascua y no sigue normativas ni cumple constituciones, te la comes y punto. A nadie puedes pedir que te libre de un mal del que no hay medidas que lo sanen, solo puedes pedir que investiguen más pero tienes que tener en cuenta que hay muchos más enfermos calificados de incurables y los recursos son escasos. Aunque fuesen ilimitados podrían resultar ineficaces porque a veces no hay manera de descifrar a la naturaleza. El futuro nadie sabe que traerá, quizás debería de ir reservando sitio bajo algún puente de esas autovías tan majas que han hecho en los últimos años.







La animación de hoy nos muestra que

el destino es imprevisible y llega a pesar de

nuestros deseos. Hay gente que le planta cara

e incluso es capaz de hacerle frente. Quien sabe,

a veces la cosa no va tan mal:







miércoles, 23 de agosto de 2017

MANUAL DE LA ALEGRIA

Suena el “chiquilla” de Seguridad Social en el móvil y me levanto, a ver, repaso ¿cómo se presenta el día hoy?. A la mierda el repasito, que le den por saco a la mielina y a toda su familia. Voy a la cocina con el fampyra en la mano echo agua en el vaso con sus gotas de hidroferol y hala, “to pa dentro”. Vuelvo hacia la cama y en el camino me encuentro con mi mujer que me mira lánguidamente, el caso es que me está pidiendo con esa carita dulce que pone que la lleve a trabajar. Pues nada, me ayuda a vestirme y mientras me lavo hace la cama. Así comienzan muchos de mis días, ya que mi trabajo pasó a la historia por lo menos puedo hacer de taxista.

Un nuevo día de lo más normalito en mi vida, ya es habitual la paciencia en el baño y la ayuda de mi mujer para vestirme, puedo hacerlo yo mismo aunque el proceso dure lo que un discurso de Fidel (D.E.P.) el día de la revolución. Cuando me toca trasladar a la rubia a su trabajo solemos desayunar en la cafetería de abajo y soportar las charletas de Juan mientras elabora los cafés, no se olvida de sacarme el vaso de agua para que me trague el tecfidera, faltaría más. El desayuno es un momento agradable y suele ser uno de los ratos disponibles durante el día con mi media naranja relajada.

Comenzar bien la jornada es algo que se agradece, la pesadilla viene luego cuando me quedo solo. Hay que llenar el día con la desventaja de que el cuerpo no está para rollos, no puedo ir a pasear ni hacer actividades que requieran esfuerzo y concentración. La mala vista no ayuda nada así que mi destino habitual es el sillón del ordenador o el chaise longe del sofá para ver la tele que es bastante gorda para compensar mi escotoma. A veces toca llevar a un familiar a algún sitio, hacer algún recado o alguna compra en lugar lejano. El coche es mi segunda casa y ahí con su dirección asistida y su aire acondicionado me defiendo muy bien, hay que andar con un poco de cuidado por la vista y poner máxima concentración sobre todo de noche pero no voy mal y manejo bien las piernas estando sentado, otra cosa es andar.

Programarme actividades teniendo movilidad limitada es un coñazo, a veces me atrevo a subir al centro andando pero se que es algo que pagaré al final del día. La soledad es algo a lo que ya estaba acostumbrado cuando estaba sano y no me asusta pero desde mi diagnóstico se me soltó la lengua y me gusta alternar y dar la chapa. Afortunadamente tengo mis bares favoritos y puedo tolerar cantidades ingentes de café que es lo que tomo habitualmente mientras doy el turre al barman tras escalar el taburete, quizás a la tarde un pincho con una cerveza “sin” pero lo que realmente añoro es la compañía y la conversación informal.

Pasan los días sin pena ni gloria, busco actividades a mi medida y hago chapuzas en casa, lo jodido es que ya no puedo con ciertas labores pero hago la cama dándole mil vueltas o ajusto un enchufe. Ya me despedí del taladro o de subirme a una escalera, tuve que enseñar a la rubia a cambiar una bombilla porque si lo hacía yo me jugaba la vida. Todo cambió tras el brote del 2015 y dejó mi actividad física por los suelos, nunca fui demasiado hábil con el bricolaje aunque solía atreverme con trabajos algo complicados pero eso actualmente ha pasado a la historia. Ahora internet y mi ordenador ocupan gran parte de mi tiempo aunque cuando estaba sano también le daba a la tecla, pero entonces lo compartía con otro tipo de actividades y por supuesto mi trabajo.

Lo que más echo de menos son mis paseos. Mi aspecto no cuadra mucho con un andarín, más que nada por mi gran peso, me podía dar paseos de dos y hasta tres horas sin despellejarme manteniendo la barriga a raya. Solía subir al Adarra, mi monte favorito, y lo hacía andando desde casa y volviendo a ella, un paseo de más o menos trece kilómetros incluida una cumbre de 820 metros cuya cuesta final en la ladera norte pone los pelos de punta. Esa afición me venía desde canijo cuando aún vivía mi padre que nos organizaba excursiones. Con seis años ya me daba palizas brutales como subir a la sierra de Urbía. Recuerdo bien la época en la que estuve en paro en la que solía ir todos los días a Donosti andando, son diez kilómetros, y solía volver con mi mujer y su hermano en coche al salir de trabajar. Transformé la cosa rizando el rizo, iba y volvía andando a casa, casi cuatro horas todos los días, pero entonces tenía veinte años menos y no había esclerosis múltiple jodiendo la marrana.

La verdad es que me gustaría que mi mujer pasase más tiempo conmigo pero ahora es principalmente la que sostiene la casa y su trabajo es indispensable. Yo cobro una pensión, pero mis ingresos han mermado mucho comparados a los que obtenía de mi trabajo. Tengo una incapacidad total que está sujeta a revisión, momento en el cual solicitaré la absoluta si bien existe la amenaza de que a un funcionario insensible se le ocurra retirármela aunque lo creo poco probable. No hemos necesitado pedir apoyo material y podemos hacer frente a la situación económica controlando bien nuestros gastos. Ha habido épocas buenas y malas pero siempre hemos vivido exclusivamente en función de los ingresos y los ahorros obtenidos, no nos hemos endeudado ni gastado en consumos superfluos ciñéndonos a la hipoteca.

Mi día a día se apoya descaradamente en mi mujer, aquí no hubo nenes y la sobrinada está en plena efervescencia de vida sacando adelante un montón de mocosos por lo que no está el tema como para atender a su tío. No me quejo mucho porque la enfermedad me está respetando bastante pero se puede poner el tema complicado si aparecen los brotes. Mi discapacidad respeta mi independencia, aunque necesito atenciones la rubia puede con ellas y a pesar de que mis andares son un desastre me defiendo todavía sin ayudas. Hay días en los que un bastón o muleta me vendrían de perlas pero soy un poco cabezota y sigo como puedo. Con respecto a las escaleras soy totalmente partidario de dinamitarlas, tal es el respeto y cariño que les profeso.

Aquí estoy, no me dejo caer en la depresión, hace mucho tiempo que aprendí a hacer las cosas solo pero tengo la fortuna de tener una mujer extraordinaria a mi lado, si ella me faltase...mejor no imaginarlo porque adiós alegría. Mi actividad es escasa pero la cultivo lo que puedo sin arrojarme a las garras de la tele que suele ser el triste destino de aquellos que no pueden valerse por si mismos. Naturalmente el futuro puede tener reservada alguna hecatombe general y tengo muy claro que el menda junto con la gente en mi estado no tardaríamos mucho en cascar. Cuando disfrutaba de salud pude llevar una vida plena que tuvo sus cosas buenas y malas pero coño: la viví. Tampoco se me ha acabado el mundo y espero que me queden muchos buenos ratos aunque sean entre brotes y dolores, que fácil digo esto cuando no me duele nada y estoy estancado en buen estado. Soy una piltrafa ambulante pero no tengo argumentos para quejarme, en muchas cosas soy un hombre afortunado.


Madre mía las vueltas que da la vida,
no me imaginaba yo en este estado
hace unos años y eso que mi historia
me ha repartido leña a manta.
Cuando se está todo el día alelado
viviendo una realidad fantasiosa
te puedes encontrar con unos desastres
inesperados. Pero no hay que poner
mala cara, puede ser que sea el
camino bueno aunque en mi caso
personal no esté nada de acuerdo
con mi destino.
Divertida animación sobre tomarse
con humor las sorpresas de la vida.
Tranquilos, no hay que aprender
japonés para entenderla.



miércoles, 16 de agosto de 2017

UN POCO DEPRIMIDO

A veces el ser un crónico me pesa tanto como mi barriga, a pesar de encontrarme en buen estado no puedo dejar de preocuparme al ver el panorama que me rodea. Mi vida no ha resultado un camino de rosas pero no me puedo quejar, nunca me ha faltado de nada. Aun y todo mi visión del mundo siempre ha tenido matices apocalípticos y soy un fan acérrimo del desastre total que nos espera aunque lo más probable es que me quede con las ganas de verlo.

Existe ese mundillo que frecuento en twitter, un grupo de enfermos que como yo se las tiene que ver con la esclerosis de los cojones, esa infame inquilina instalada en nuestro sistema nervioso. Todos nos quejamos con ganas, procedemos de distintos estados de vida y cultura pero nos entendemos perfectamente como las piezas de un reloj. Una de las características más destacables es la abrumadora presencia femenina, algo perfectamente normal porque la enfermedad se ceba en ellas. También es de destacar su juventud, yo aquí soy un carroza rayando en el retablo y a veces me cuesta un poco caer en sus ocurrencias. Nuestra educación no tiene nada que ver y sus preocupaciones son totalmente diferentes. Mi generación está muy ocupada procurando que los políticos dispongan de dinero fresco para robar y no tiene mucho interés en las redes sociales, yo mismo a pesar de mi cuelgue informático fui muy poco partidario de moverme por ellas.

Ya lo he comentado alguna vez en alguno de estos post, no imagino el ánimo de los crónicos postrados cuando no existían las redes y la inmediata comunicación con gente de la misma cuerda. Compartir la vivencia en un grupo en riguroso directo es un alivio colosal, incluso en los malos momentos esa compañía da mejor resultado que cualquier tratamiento médico. Podría afirmar que realmente soy un afortunado al poder redimir mis males con estas herramientas.

Pero no, no es así, a pesar de lo que quiero a esa gente que me arropa no me hace ninguna gracia compartir este tipo de experiencias y creo que a los demás tampoco. El caso es que la soledad es una de las emociones que más aparece en este mundillo y no resulta muy difícil saber la causa de que ese sentimiento sea generalizado, aparte de la condición de enfermo sufro otra particularidad y es que soy un miembro de los X-men...a pesar de mi volumen y gran peso tengo la particularidad de ser invisible.

En una sociedad que exige a sus miembros productividad y beneficios resulta que si no produzco nada soy un estorbo. La administración está obligada a atenderme y son los funcionarios los que dan la cara de mala gana pero no hay ninguna convicción. Qué raro, todavía no ha venido ningún político a casa a estrechar mi mano, hay que ver, con la preocupación que les causan los problemas de los ciudadanos, pero eso no es lo peor sino que la verdadera tragedia es observar como se lo monta el entorno próximo para dar apoyo. La cola de gente que viene a verme rodea el edificio y las cuentas del súper son una ruina al proveerme de artículos con los que agasajar a mis visitas. Ni flowers, aquí no aparece ni el gato.

No soy el único que me quejo de ese inmerecido trato, otros crónicos cuyo aspecto físico es igual al de la gente sana protestan por el abandono al que están sometidos. También se sufre menosprecio cuando sueltan el famoso “se te ve muy bien”, para acto seguido pensar “menudo cuento para no hacer nada”. No hay que engañarse, toda la gente no tiene buen corazón y si bien entre los allegados hay personas magníficas abundan los rastreros que no pierden el tiempo acuchillando a gusto al condenado, esos parientes y falsos amigos que en realidad se alegran de que la enfermedad me haya mandado la vida al carajo. La famosa cuñada envidiosa es más común de lo que se piensa pero tampoco hay que irse muy lejos a buscar pelea, muchos enfermos encuentran en su propio domicilio cosas que no quieren.

Mi experiencia social no ha sido nunca un alarde de contactos, ya desde jovencito las circunstancias de mi casa me provocaron el aislamiento y siempre me he movido por libre sin implicarme demasiado con la gente. Suerte he tenido de no haberme perdido en historias raras porque me aplicaron una disciplina moral tamaño big plus y he seguido unas normas muy marcadas de comportamiento. Resumiendo: era un tío raro, el paso del tiempo fue aplacando todo hasta normalizar mi vida, pero ya me costó. Antes del diagnóstico mis relaciones sociales no eran para tirar cohetes pero si que es verdad que copaxone en mano decidí abrirme, a buenas horas.

El apoyo en casa es crucial, tengo una suerte loca de haber encontrado a una mujer que me apoya y anima. Ya llevábamos viviendo juntos unos añitos retrasando la boda por estar siempre liados pero el diagnóstico hizo que no esperásemos más y dí el si quiero entre dos pinchazos de copaxone. No siempre las cosas son así, el marido de mi prima sufrió un ictus y la pedorra se divorció dejándolo tirado como a un perro, es una de las historias más odiosas que he visto en mi familia.

Pero mi esclerosis no es la única mierda que trastorna la familia. En casa las cosas están que arden y alguna tiene asignado un terrible y próximo final. Mi mujer y yo apodamos cariñosamente a nuestras madres como “Las Viejis” y las dos tienen cáncer de colon, mi madre lo capea con la quimio y lleva una vida de buena calidad e independiente pero mi suegra tiene una metástasis muy extendida que no admite tratamiento y precisa atenciones permanentes. Mi mujer es la única chica entre sus cinco hijos y no creo que haga falta explicar sobre quién recae la casi totalidad de la carga de trabajo. La rubia está saturada y a veces pienso que va a explotar porque todos los días me toca soportar su cabreo, como si no tuviese bastante con el trabajo que le da su marido. Es lo triste de este país donde las mujeres son relegadas a las labores más incómodas mientras los hombres se inflan a cervezas y fútbol en el bar. Suelo mentar muchas veces el chascarrillo de la cuñada malvada y es que cuando veo como se tocan la castaña las mías junto a sus maridos me dan ganas de reinaugurar Auschwitz. Ahí no se acaba el tema porque el marido de mi hermana y un cuñado que vive en el portal al lado del mío también tienen cáncer. Podría seguir con más cosas en la lista de la gente próxima de mi familia y pienso que a Osakidetza le saldría más barato crear un grupo de profesionales para atendernos a todos juntos. Desde luego nos hemos fundido de sobra hace tiempo todo el capital que hemos ingresado la familia completa en la seguridad social durante el transcurso de la vida laboral.

A veces los detalles me sobrepasan, hay muchas críticas al sistema sanitario pero para mí es peor el ambiente personal en el que tengo que capear tormentas inesperadas por parte de la familia y el resto del entorno. Por supuesto hay personas que me rodean que son maravillosas pero su trabajo queda casi oculto por la mala baba y las maquinaciones de una chusma insolidaria que se alegra de mi desgracia y que además trabajan duro para que lo pase peor. Una guerra cruel de envidias e intereses materiales y sociales que no vienen a cuento pero que activan a tope cuando ven la debilidad.


De nuevo me encuentro en la
encrucijada de no encontrar una
animación acorde al post. Es la
puñetera manía que tengo de meterme
en temas personales sin que pueda
aportar luego un pequeño contrapunto.
Tiraré de archivo buscando una
animación divertida para afrontar mejor
estas oscuras reflexiones. Hoy me voy
a ir un poco al espacio, fue uno de
los primeros clips que me llamaron
la atención, vale la pena aunque
es un pelín largo.




miércoles, 9 de agosto de 2017

CRONICA DEL ESPANTO

Va pasando el tiempo ante mis narices y las cosas no parecen ofrecer cambios de registro. Mi último brote ha cumplido ya los dos años y tras dejarme hecho un trapo se mantiene escondido tras algún parapeto que desconozco. Fracasó el copaxone, mi primer tratamiento, y el incidente se cebó conmigo de manera despiadada con una parafernalia bastante sufrida que me costó Dios y ayuda superar. Hasta entonces tras el diagnóstico había convivido año y medio llevando una vida normal con los pinchazos diarios que no me resultaban demasiado incómodos, pero iba notando día a día que las fuerzas me abandonaban. Mi trabajo era duro, reponía en una gran superficie donde el esfuerzo es considerable y ya estaba llegando a un punto donde era evidente que mi rendimiento iba cuesta abajo. Me habían prohibido el uso de máquinas en el almacén ya que Osalan no lo permitía por mi escotoma del ojo, malditas neuritis, lo que relegaba la totalidad de la jornada a rellenar estanterías, una labor agotadora para una persona normal y un suplicio para un esclerótico.

El brote no avisa, se produce de pronto aunque la enfermedad te va aportando sus más y sus menos cada día que pasa. Un día te empeora la vista, otro te caes al más mínimo mal paso o te ves en apuros porque no puedes mear entre otras cosas, pero la intensidad varía desde lo incómodo hasta la total ausencia en períodos aleatorios. Llegó el día en el que la cosa se disparó cuando tomaba un café en el cuarto de descanso y de repente ya no pude levantarme. Mi cara se quedó totalmente insensible, tenía fuertes temblores además de una tremenda confusión acompañada con un horrible ataque de ansiedad que me dejaron totalmente anulado como persona y me duraron varios días sin concederme descanso.

Hacía año y medio del diagnóstico y el brote no pudo ser más oportunista porque se produjo una semana después de volver de mi permiso de boda tras legalizar diez años de convivencia, menudo regalo. Hasta entonces mis síntomas se ceñían en el trabajo a los estragos de las neuritis ópticas, con su dichoso escotoma, el aumento de torpeza si bien ya sufría otros problemas que no interferían directamente en mi labor aunque si lo hacían en los procesos de la vida diaria. Al casarnos pasamos unos días en Benidorm y allí comencé a notar un aumento notable de la fatiga que terminó desembocando en el incidente al retomar mi trabajo. Mi jefe me llevó a urgencias donde me derivaron a una consulta de neurología y pidieron una resonancia, un proceso que tardó varios días en los que lo pasé fatal. Cuando accedí a la consulta de mi neurólogo flipó conmigo, hace poco, en el stand del “mójate” en la playa, estuvo hablando con mi mujer y le confesó que mi descalabro había sido muy importante.

El neuro siempre me había calificado de paciente estable a pesar de las neuritis pero cuando vio la piltrafa que entró a la consulta se asustó. Me realizó una exploración completísima pero lo que más le afectó fue mi estado mental que era lamentable, acostumbrado como estaba a tener conversaciones relajadas conmigo. Ciertamente estaba muy mal, totalmente derrumbado y con inquietantes pensamientos por lo que la primera receta consistió en antidepresivos e inmediatamente me derivó a hospitalización a domicilio donde me pusieron el primer bolo de cortisona al que seguirían otros cuatro los días siguientes. Decretó también el fin del copaxone aunque debía de inyectármelo hasta el comienzo del nuevo tratamiento que estudiaríamos en la siguiente consulta a los quince días.

El futuro que me esperaba empezó a oler a chamusquina cuando la médico de la mutua leyó los informes del brote y se le cambió la cara. Las mutuas suelen ser muy poco consideradas con los currantes pero esta amable señora no pudo disimular su reacción ante mi estado y tomó la decisión de darme ánimos cada vez que nos veíamos, tenía muy claro como iba a terminar el asunto. Fue pasando el tiempo y remitiendo el temporal, los síntomas disminuían pero caminar me seguía resultando un calvario. Llevando ya seis meses de baja y en la revisión del neuro llegó la bomba, al preguntarle por la posibilidad de retomar mis labores su respuesta fue tajante: “Raúl, olvídate del trabajo”. Me dio la llorera y tanto el como mi mujer se las vieron y desearon para calmarme. Tener que abandonar el curro no era lo peor, lo terrible era saber que mi estado físico no ofrecía alternativas. Por entonces todavía esperaba que la ataxia generada por el brote desapareciese pero la verdad es que se había hecho mucho más profunda y eso no tenía remedio. El resto iba cediendo poco a poco pero ahí se han quedado también los problemas al orinar, los temblores ocasionales que se disparan al concentrarme en cualquier labor, cierta espasticidad en las piernas, dificultades en la vista y toda esa parafernalia de cosas que yo no veo pero que el neurólogo suele enumerar metódicamente en sus informes como el nistagmo ocular o la reducción de mi masa cerebral acusada para mi edad.

Tardé varias semanas en digerir el asunto y tras superar el estado de confusión comencé a tomar decisiones. Solicité la valoración de discapacidad y en un par de meses la tuve en mis manos con el reconocimiento de un 39% que tanto el neurólogo como la doctora de Fremap juzgaron escaso. La mutua comenzó los trámites para que la inspección de Osakidetza tomase cartas en el asunto y yo acudí a mi sindicato a informarme aunque la verdad no le pusieron demasiadas ganas al asunto. Por fin me citó el inspector que tras revisar todo el papeleo y una breve observación emitió su sentencia: de cabeza al tribunal médico. Mes y medio más tarde pasé el procedimiento en la seguridad social y a los quince días recibí la notificación: discapacidad total.

Seguro que hay gente que se encogerá de hombros por la brevedad de todo el proceso que arrancó en enero con la invalidez y terminó en marzo con la discapacidad. En otras autonomías tengo noticias de que los plazos del trámite son exasperantes. El neuro ya me había advertido que con aquellos informes era imposible que me la denegaran. En abril del próximo año volveré a pasar revisión y viendo mi estado me resulta difícil pensar en que me la retiren.

Cuando veo en twitter a gente que califica sus brotes como catastróficos me pregunto que adjetivo tendría que ponerle yo a este. Yo era un esclerótico diagnosticado que hacía su vida normal con su tratamiento afrontando una serie de síntomas más o menos asumibles y de repente pasé a ser un saco de patatas. Muchas cosas se han transformado en mi vida desde entonces, ya estaba acostumbrado a la indiferencia de la gente pero en este estado se hace aun más pesada. Ser un crónico con discapacidad te desplaza brutalmente en la escala social, no es que a mi me importe demasiado porque ya tengo edad para surfear la vida haciendo peinetas a todo quisqui, pero se que para la gente más joven es un desastre. He sido afortunado desarrollando una vida plena durante muchos años y ahora me toca lamentarme con el recuerdo de los buenos tiempos vividos aunque no es cuestión de cerrarle la puerta a la vida, todavía se puede disfrutar arrastrando esta enorme bola de preso con cadena perpetua.

Hoy en día el tecfidera me va bien, ya son dos años y pico tomándolo y parece que está siendo capaz de mantener a raya los desastres de la mielina. La última resonancia no aportó nuevas lesiones como pasaba antes cada vez que me hacía una. El fampyra no ha resultado ser lo que yo esperaba, afloja un poco mis piernas pero no logra evitar la fatiga y el desequilibrio, mejor no hablar de las escaleras. Por otra parte el cambio de tratamiento de mi celulitis de repetición en la pierna izquierda ha resultado todo un acierto porque ha cortado de raíz las cada vez más frecuentes crisis que tenía. La fiebre y la esclerosis se llevan a matar y ya no hablamos de discapacidad sino de anulación total.

La vida sigue y hay que plantar cara. Este brote fue duro y me dejó multitud de secuelas aunque parece que los últimos tiempos gracias al cambio de tratamiento se está dando cierta estabilidad. Espero que no sea la calma antes de la tempestad y que no haya algo gordo incubándose por ahí. Si se oye un fuerte golpe no hay que preocuparse mucho, solo es mi mujer sacudiéndome con la sartén grande, no le gusta nada nada que ande pensando estas cosas.

Dándole vueltas al asunto me
resulta difícil encontrar una animación
que tenga algo que ver con el post ya
que trata un asuntillo muy personal y
no creo que haya por ahí algún colgado
haciendo historias de mi vida.
En estos casos me suelo guiar por el
gusto con historietas que me han parecido
geniales. Esta me llegó hace poco y es
un estupendo y original trabajo que
además le encantó a mi mujer. Hace
pasar unos minutos muy divertidos y
tiene un final muy feliz.