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lunes, 30 de enero de 2017

REMEMORANDO

Puesto a redactar la verdad es que no me acuden las ideas a la cabezota. Si que tenía alguna pero requiere cierto tiempo y algunos acontecimientos para terminar de incubarla así que habrá que esperar. Los días van pasando en este chusco mundo donde la incompetencia y la desidia son las reinas indiscutibles. En mi caso lejos ya de las ambiciones materiales y de las puyas sociales me dedico en cuerpo y alma a valorar mi estado físico. El estado psíquico me produce una horrible duda: ¿ cómo valorar mis pensamientos si para construirlos dispongo de una herramienta en mal estado y que se va degradando poco a poco ?.

Las horas pasan, los días, los meses y yo noto como mi cuerpo se fatiga cada día más. Ya nada queda de mi antiguo status donde gobernaba mis sentidos a capricho y me dan terror esas escaleras que en los buenos tiempos bajaba de un salto. Se va notando el embotamiento de mi cerebro que antes estaba al punto de todo pero ahora se atasca al buscar la palabra adecuada. Acontecimientos tan simples como meterme a la ducha o subir un par de escalones exigen ahora planificación y siempre que he de realizar un trayecto a pie tengo que valorar la ruta a seguir para que sea la más cómoda. Todo esto no te lo explica el neurólogo que te anima a que realices tu vida como lo hacías al estar sano pero eso ni de coña es posible, ir a mear ya supone todo un reto.

Y ¿cuál es la vida que deberíamos llevar?, a la vista del día a día de diferentes enfermos yo me quedo sin acertar. Muchos se centran en hacer deporte pero ¿dónde voy yo con mis 130 kilos?. Me encantaban los largos paseos que antes de dejar de trabajar me dejaron al borde de los 100 kilos pero la inactividad tras producirse el brote del 2015 ha vuelto a dejar mi tripa en el estado anterior. No desespero pero a pesar de haber cambiado mis hábitos de comida no hay manera de adelgazar y mi endocrino tendrá que partirse un poco el cráneo para hacerme alguna propuesta válida. La ataxia es muy puñetera para practicar algo, pero no descarto intentarlo de alguna manera. Ahora el invierno no invita a gran cosa e intentaré que la primavera y el verano no pasen en balde.

Cierto que haberme convertido en pensionista es una losa difícil de levantar y que me arrastra fuerte hacia la inactividad con mi tendencia de toda la vida a la pasividad. También es verdad que la adaptación a esta situación es lenta lo que unido a la incertidumbre de esta enfermedad me llena la cabeza de dudas a la hora de lanzarme del trampolín. Metido todo el día en casa armado con mi conexión a internet y mis películas se está muy bien aunque echo mucho de menos andar por mis rutas habituales, te desconectas de la comarca y le pierdes el hilo. Tenía esperanzas de que el fampyra recuperase mi caminar y si es cierto que lo mejora pero no lo suficiente para hacer siquiera un pequeño paseíto diario o poder enfrentarme con cierta seguridad a las escaleras. Mis piernas se han flexibilizado mucho, pero mi forma de andar no resulta cómoda en las distancias. La fatiga sigue en el mismo nivel que me obliga a moderar mi paso y a tomar respiros en trayectos que a una persona normal le parecen de lo más chorra. No pierdo la calle, me voy al centro del pueblo en el coche y tras pelear por aparcar pateo un poquillo el “tontódromo” municipal hasta instalarme en mi bar favorito, una horita disfrutando de un café o un pintxo (una tapa) alternando con los habituales.

Nunca he sido una persona físicamente muy activa a excepción de las rutas montañeras y mis largos paseos urbanos. Hubo una época hace unos años, dónde mi peso era normal, que corría junto a un amigo y no lo hacía mal. Tengo buena capacidad de respiración y dejaba al colega, que es trompetista y se le supone pulmones, echando el hígado por la boca mientras yo me recuperaba enseguida. Aquello terminó y los kilos volvieron a instalarse en mi vida y eso ha sido lo que se ha encontrado la esclerosis múltiple.

Por aquellos días también practicaba yoga lo que físicamente no es que sea un gran ejercicio pero junto a la meditación preparó mi cabeza para muchas cosas. Hoy en día lo echo de menos, mi grupo ya no existe y mi enorme cuerpo no está para posturitas. Si que practico a veces la meditación pero le faltan el clima del grupo y las reflexiones del profesor. Como anécdota sobre este tema, un par de años tras disolverse el grupo tuve la suerte de saludar personalmente...al Dalai Lama, fue muy curioso porque yo pasaba por casualidad al lado de la puerta del hotel María Cristina en Donosti cuando se detuvo un audi enorme y salió él justo a mi lado, me dio la mano e inclinó la cabeza. Que cosas. Aprovecho la ocasión para indicar de que esta práctica es muy positiva, hoy en día hay demasiada chorrada espiritual y sanadora adosada por charlatanes pero doy fe de que el yoga y la meditación son muy positivos para favorecer la reflexión y la tranquilidad personal. Estoy seguro de que yo no hubiese aguantado cataclismos personales posteriores si no hubiese asentado mi mente con aquellas prácticas. Olvidaros de lo que habitualmente te prometen porque la paz mundial solo existe en un mundo de frikis y las enfermedades las curan los médicos....si pueden.

Recuerdos de mi vida que ahora tienen otra dimensión distinta que la que sentía cuando estaba metido en una vorágine de stress y combates de boxeo. Ahora desde la inactividad obligada tienen más peso y valor, mi vida ya tiene cierto tamaño y ha tenido épocas muy dispares con un montón de anécdotas para contar pero no quiero ponerme pesado, si por ejemplo os cuento la mili ya podéis salir disparados a la farmacia a comprar un par de kilos de paracetamol. Estas horas solitarias frente al teclado vienen perfectas para soltar lastre y programar nuevas actividades, adaptadas a la debacle de la mielina claro está.

No suelo recalar demasiado en mi pasado y menos ahora que gracias a la esclerosis múltiple sale distorsionado. Si que es verdad que en este tiempo de vida que llevo en dique seco mi mente se ha llenado de cosas de mi vida que ya había dado por cerradas y había tirado la llave al mar. He de tener cuidado porque a punto de cumplir los 52 mi historia está llena de asuntos que ni por asomo quiero recordar, no es cuestión de pillarme una depre así por el morro.

Creo que la actitud a implementar exige dar un portazo al pasado, evaluar la nueva situación e idear maneras de hacer lo que me gusta sorteando limitaciones. No queda otra cuando los años hace tiempo que han iniciado el descenso hacia el final. Todavía queda mucho para eso y ya me he jamado lo mío. Ahora vienen nuevos retos a compartir con la gente que me quiere y sacar juguillo de la cosa hasta donde se pueda.



La vida pasa y vamos dejando
atrás muchas cosas incluso aquellas
que nos hacen felices. Sin embargo
hay momentos donde hemos de
volver a vivir el pasado tal como
le sucede a Lily en esta preciosa
animación:




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